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Faltará más, mucho más, para que los años donde el sistema no hizo nada por retener al inversor individual de pequeño tamaño -deslumbrado por la llegada de los fondos institucionales que todo lo iban a rebasar- se puedan ir recuperando. Sin llegar a aquella zona de la historia, los años '60, donde existían productores que vendían acciones casi casa por casa y que lamentablemente terminó en un mercado fallido que volvió a desalentar gente por demás. Una labor metódica e inteligente puede ir abonando el camino para que -dadas las condiciones de contexto- se pueda reformular esa necesaria capa protectora de los inversores de nivel popular. Que es el modo, también, de tener a la Bolsa en las calles, en los barrios, no solamente limitada por las cuatro paredes de su recinto.
Con muy poco queremos entusiasmarnos, realmente no hay un motivo tangible para hacerlo. Especialmente porque tal producto recién comenzará a rodar en estos días y habrá que ver qué nivel de éxito puede alcanzar en su primera fase. Es lo que abriría la senda a lo que está programado para salir después, formalizando un buen frente de ofrecimientos para todo público, como en las películas aptas: «sin restricciones».
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