Todo nos deja, en algún momento, material que puede aplicarse a lo bursátil -tan amplio es el espectro que abarca nuestra noble inversión- y hasta del finalizado Campeonato Mundial de Fútbol se puede extraer alguna enseñanza. No por los partidos en sí, sino por las conclusiones que se fueron tejiendo en nuestro medio -algunos con mucha efusividad y como pontificando- respecto de quién fue el campeón, qué es lo que privó en el campeonato como sistema de juego, y de última, qué actitud tomar a futuro para encarar otras competencias. Y he ahí que apareció una primera definición, por muchos repetida: «Lo principal es defender...».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Argumentando, en pro de la sentencia, que éste fue un Mundial de lo más bajo en goles, que la mayoría de los equipos utilizaron la estrategia del «4-4-1-1» y que -por lo tanto- el fútbol se dirigía a privilegiar tal estilo.
Es decir, a partir de la eliminación de Argentina y quiénes siguieron avanzando, se tiró por la borda la sensación primera de que a nuestro equipo le faltó no, justamente, defenderse más, sino, defenderse menos y atacar más. Creer más en los que consiguen goles, antes que en los que los evitan. La propuesta que parece estar tomando cuerpo es la de armar equipos que practiquen la táctica más numérica mencionada y estar insertos en el estilo común a todos. Cuando suena a más sensato que hay que plantear de qué modo derribar esos planteos, de los que defienden. Y el que lo consiga tendrá las llaves del éxito en el futuro. La idea de ser uno más, jugar a la ruleta de quién puede ganar en la mediocridad de miras, podría ser la próxima faceta que aparezca en escena. Lamentablemente, diremos como simples admiradores del fútbol bien jugado...
Recuerda el lector cuando periódicamente hablamos de que «cuando una estrategia se difunde en el mercado, de inmediato pierde efecto», pensamiento apto para lo bursátil y seguramente para cualquier actividad, como el fútbol. Si todos se disponen de una manera, o la mayoría, la verdadera misión es quebrarles el espinazo con una actitud distinta, antes que ser uno en la multitud. Algo así como un clásico del sistema: «Comprar cuando todos venden. Y vender cuando todos compran... ». Los mayores réditos se obtienen remando contra la corriente, en los puntos indicados para hacerlo. Pero no se logran grandes éxitos con la simple actitud imitativa de seguir a la corriente.
El argentino, tan creativo como indolente, pero audaz para buscar variantes y salir de estereotipos, parece estar perdiendo esos rasgos. Y el fútbol, materia tan popular y masiva, nos da estas sorpresivas conclusiones, donde fue quedando como más importante defenderse, hacer papelitos para el arquero, que pedir por el ingreso de los jugadores audaces.
Dejá tu comentario