No sabemos de la última rueda porque esta columna debe realizarse de modo anticipado, pero a efectos ilustrativos sirve tomar este controvertido mes de agosto hasta la rueda del miércoles 30. Y allí el índice de nuestro mercado se ubicaba con cerca de 2,5% de retroceso, quedando el total de ocho meses con una utilidad ya inferior a 8%. Consuelo de tontos -o de los que precisan ver que no les va mal a ellos solos-, el Bovespa estuvo siguiendo una senda muy similar: casi como tomaditos de la mano, cruzaron agosto operadores de Brasil y la Argentina...
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Se podría agregar, para más consuelo, que ya los agostos bajistas no vienen tan «asesinos» de carteras como otrora. Lo de ahora fue nada más que una especie de meseta sin mucho sentido de la orientación de fondo (nadie parece saber qué es lo que está presente en las napas inferiores de la tendencia) y esa superficie agitada por algunas olas, más que olas apenas «olitas».
Un agosto resfriado, decíamos en la nota del día, y con la Bolsa estornudando. Si fuera un cuerpo vivo, quizá se pudiera adecuar esa descripción de congestión de su aparato respiratorio, dificultades crecientes para atrapar oxígeno -el volumen de negocios- y estornudando al tranco, del modo más inesperado. Un mes que no dejó casi nada para el análisis, porque el desplome de negocios en todo el sistema bursátil resultó la figura indeseada más notoria.
¿Y qué puede opinarse acerca de lo que sigue, sabiendo lo muy anodino del pasado inmediato? La neblina vino junto con la llegada del invierno, desde junio que casi no salió el sol para las acciones. Y los activos colegas cotizantes se nublaron también durante los finales de agosto. Todo un dilema el interpretar las razones por las que lo que habita en Bolsa no es capaz de atraer ni una pequeña masa de capital. Y todo un drama encontrar un mercado donde los papeles flotan sin mucho destino y expuestos a lo que designe el flaco «trading» que aparece. Si es por lo visto, y por señales que puedan captarse en el entorno, no tiene un pronóstico seductor lo de setiembre. Si es porque se trata de Bolsa, siempre está la sorpresa a la vuelta de una esquina del mercado. Con una frase repetida -«Y la Bolsa espera»- estuvimos rematando comentarios diarios, de última ya debiendo agregar, ante lo paupérrimo de las cifras, el término « desespera» como remate. Siempre esto va referido a capital de riesgo en juego, no a lo que sucede en las fluctuaciones de cotizaciones. Desde solamente ese ángulo, el de los precios, fue un período donde nadie sufrió demasiado con el retroceso, obviamente que no vio la ganancia más que en cuentagotas. Pero la clave de todo mercado atraviesa por el interés que haya. Y no aparece.