Repasamos, en dos « cupones» de la semana, la situación de la marca Merval de la actualidad con aquellas que son del pasado reciente. Y le otorgan un patrón de medida más razonable a lo que simplemente suele promocionarse desde un valor nominal. Cotejar la estadística en términos de moneda fuerte otorga más sensación de realidad para saber qué se ha conseguido y qué le falta todavía a la evolución del índice, como para ostentar el verdadero título de «récord» histórico.
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Esto nos había derivado a los considerandos de las etapas llamadas de boom -siempre seguidas de un crac-y donde se forman enormes y poderosas burbujas que escapan de todo marco, de toda valuación técnica, y son como arrolladas las cotizaciones y los volúmenes por una masa que ha perdido el sentido del valor y solamente incrementa la presión en la caldera: hasta que todo estalla. A trazo grueso, eliminando características muy puntuales, podría decirse que se precisa de algunas de estas dos condiciones para armarse un boom: A) Demasiada laxitud en los controles y reglas del mercado. Exceso de dinero en la economía y otros bienes saturados. B) Planes, o medidas económicas, con fuerte apoyo político, que generan la mentada política de shock y varía de inmediato las expectativas racionales. De las primeras condiciones se hallarán ejemplos antiguos: a la cabeza en el mundo, el famoso ciclo de los «locos años 20» en Wall Street. Pero por aquí y en el siglo pasado puede mencionarse el sucedido sobre los años de la década del 40.
Los más modernos se situarán sobre los 60, con el impacto por la política desarrollista y -en dólares- seguramente que esos récords de cotizaciones en acciones nunca serán igualados. Después, en 1976 y donde confluyeron las medidas del plan inicial, más la autorización para capitalizar revalúos técnicos, sumado a un parque empresario que salió del número «histórico» y pudo incorporar la inflación. Así como ponerse en marcha una producción que estaba casi en los mínimos, desabastecimientos incluidos. El primer semestre del 79 -algo que nunca se recuerda-resultó formidable en el circuito accionario y cuando se pensó en que la economía salía disparada hacia arriba. Sólo duró un semestre, pero se hicieron fortunas.
Hasta llegar a 1991 hubo ciertos zarpazos fuertes, como en zona de conocerse el plan austral, aunque no tan marcado. Y después... la droga maravillosa, resucitando una vieja fórmula de Pellegrini con la «convertibilidad». Momento donde el Merval llegó a los 800 puntos -en dólares-en cuestión de un año. En la actualidad conviven cuentas suculentas en la economía, pero sin planes y con malhumores crecientes: que no se compadecen con los números. Acaso esto es lo que abortó un boom.