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26 de diciembre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

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Sabido, desde el fondo de su historia, que la Bolsa puede tomarse a gusto del invitado (buena prueba de ello lo da el primer gran compendio titulado «Confusión de confusiones», de José de la Vega) es probable que muchas alertas que nos permitimos lanzar desde aquí -y que el inversor racional ya también los va detectando por las suyas- resulten para otros: minucias, sin mucha trascendencia.

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Estos últimos responden a la legión de los que toman lo bursátil solamente como «fichas» con un precio, al que se le debe acertar en los momentos buenos y abandonar antes de los malos. En tal caso, simplemente se ocuparán por saber quiénes se están moviendo en las distintas plazas, qué corriente viene imperando (y qué salvador «dato» anda dando vueltas por el ambiente). Y está bien. Responde al estilo de juego adoptado, del que totalmente se hacen responsables. Inclusive, resultan una franja muy útil del sistema porque son los grandes «hacedores de mercado», con sus entradas y salidas y proporcionando la imprescindible liquidez a las plazas. Para la otra porción de participantes -a la que se debe reconocer como en franca minoría en estos años- todo aquello que circule en torno y provoque un efecto sobre las empresas es importante. Porque lo derivarán al valor de la acción en la que están representadas. Es un activo cotizando, la célula viva en que se refleja toda la complejidad empresaria.  



  • Y si en días pasados íbamos marcando medidas que resultarán adversas -como lo es el mensaje de Economía, hablando de «ganancias congeladas»- sobre este final de año se debe incorporar lo anunciado días atrás: respecto de convenios con distribuidoras de electricidad que irían a resarcirse aumentando las tarifas industriales (con retroactividad a noviembre de 2005, lo cual es mucho más pesado) y en el orden de 15% a 20%.

  • Energía escasa, suplementos necesarios a los que hay que procurarse como se pueda y un incremento tarifario de tal magnitud, para empresas que tienen su margen bruto en permanente retroceso. ¿Significa un aumento de costos para los funcionarios a cargo, esto mencionado, o insistirán en que ello no lo es? Sin nunca olvidarnos que se trata de balances sin «ajustes por inflación», a los que ya se le quitan impuestos de modo confiscatorio. Y, esto, señora ministra, no es lo que se hace «en los países del mundo» y a los que siempre se mencionan parcialmente.

    Para el inversor racional, el que considera que detrás de una acción está la salud de la compañía -más allá de juegos de precios- es otra luz amarilla con vistas a los resultados de 2007, en muchas de las compañías. Hay ya un conjunto, un racimo de problemáticas, y que todas juntas forjan una valla: cada vez más alta. Nos parece.

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