Ante la extrema pasividad mostrada la semana anterior, totalmente dejada en blanco a efectos prácticos, solamente quedan a estas últimas fechas estar merodeando los 2.000 puntos largos: como apuntábamos, afirmando los pisos para el ingreso a 2007. No es poca cosa, aunque a todo se acostumbra el operador bursátil y tiende a olvidar rápidamente dónde se encontraba el Merval un par de meses atrás. Por las dudas, vamos a recordarlo: nuestro indicador era «cola 'e perro», cerraba la marcha entre los mercados de la región. Y muy lejos se veía la posibilidad de aspirar al segundo milenio de puntuación, en los meses que restaban.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Gozar ahora de esta realidad, estar entre los de arriba en el ejercicio a punto de concluir, merece el elogio de todos los bolsistas sensatos. Y no está mal aspirar a más, pensar que siempre todo es poco, ya que en esto radica buena parte del espíritu bursátil: ser un inconformista a ultranza. O todo se empieza a poner tan fofo e insulso, como un plazo fijo.
Pero también es aconsejable apreciar lo realizado y salir de un valle -como es el caso de este año- que tenía a las carteras cuerpo a tierra y, quizás, hasta rogando por una utilidad discreta que cubriera el deterioro inflacionario. Esto se pudo hacer, con fuertes reacciones consecutivas, entre estos últimos tiempos. Y hasta llegar a la segunda de diciembre donde la energía pareció agotarse cuando todavía faltaba la zona de empuje definitorio. No solamente por aquí, que en el exterior se fue pasando a una u otra rueda sin casi variar lo ya conocido. La semana « navideña» resultó un fiasco, con enorme cartel que decía: «Sólo mantener» posiciones. Y esto puede dar preámbulo a hipótesis diversas sobre aquello que se augura para comienzos de 2007.
Y no es sencillo suponer que partiendo de alturas como las actuales resulte poco trabajoso seguir escalando. Lo primero será ver que los de afuera, a partir del Dow, logren mover los engranajes nuevamente. Lo segundo, que no se continúen sumando adversidades para el porvenir empresario local. Donde no pasa semana sin que le agreguen una valla por delante, y siempre con el « congelamiento» impuesto y vigente.
Si afuera no pasa casi nada, se adelgazan las chances para el verano de Buenos Aires y donde habrá una cierta merma de carteras activas debido a lo estacional.
El volumen pasa así a ser toda una incógnita, pero la clave de todo para suponer un mercado dinámico y entretenido. No se puede estar confiados en los montos en giro previstos para lo accionario, los que al menos deberían brindar sostén apropiado al piso de los 2.000 puntos, y desde allí ir desandando las semanas al estilo Machado: bolsista no hay camino, se hará camino al andar...