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14 de agosto 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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Una apresurada transfusión de sangre (¿y qué otra similitud podría utilizarse para la inyección de dinero grueso en los mercados que dispusieron los principales países?). Para seguir con el paralelo, la pregunta ahora -por más que los mercados puedan saltar de la camilla-es si una transfusión es capaz de curar la enfermedad de base que atacó al cuerpo económico. Porque dudosamente se podría convencer de que, de pronto, todo vuelve a lucir bien... y sano. Después de los sacudones de febrero, que se alcanzaron a cubrir con simple dialéctica en apropiadas dosis, era solamente cuestión de tiempo que sobreviniera otro fuerte sesgo en los índices y serias crisis en el entretejido bancario. Y llegó en estos inicios de agosto, cinco meses después. Y lógicamente, el nuevo sacudón caló hondo y logró salirse del marco de la Fed para ir a invadir países europeos.

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Todavía no se vio algo parecido a un crac de cuerpo presente, solamente con advertir la sombra ya el miedo recorrió a los bancos centrales, a las economías todas. A tal punto que hasta los muy amenazantes chinos se dignaron dar marcha atrás con la sentencia de que irían a «reventar» -que vender es otra cosa-bonos del Tesoro norteamericano (que si lo hubieran decidido, entonces sí que a esto difícilmente lo pudiera parar alguien.)

Una larga cadena de intereses cruzados, apretados, hace que todavía se ayude a sostener a un Estados Unidos que juega con sus déficits y recibe capital por aumentar sus tasas mínimamente. ¿Estará lejos el día en que lo haga y note que esos capitales ya no le llegan en avalancha?

¿Hasta cuándo dejarán que el reino del dólar resulte eje y amo y señor del comercio y las finanzas? Lo de China no puede dejarse en el olvido: esta gente tiene ganas de patear el «gran tablero» y ya va teniendo la manera. Pero, por ahora tampoco les convenía generar más adrenalina y enviaron el mensaje de perdonarles la vida a los bonos y aguantarse al dólar. Todas piezas en movimiento, ángulos de visión que deberán ir variando -desde donde observe el inversor-porque hay mucho en juego arriba de la «plancha»: y la plancha está caliente.

Como al escribir la columna no sabemos de la rueda de ayer, no queremos ni pensar que los anuncios de esas inyecciones descomunales de glóbulos que se anunciaron no obtengan la meta propuesta de frenar las caídas y las huidas, las « corridas» que se han venido viendo. La obligación está en situarse unos pasos más allá, ya las reacciones inducidas no importan tanto, justamente por lo costoso de la inducción. Y porque ya resultó la última carta -el prestamista «de última instancia»el que debió salir al ruedo para apagar el incendio. Un descalabro será el paisaje cuando se intentaba ir restando -no colocandoliquidez en los mercados, frente al creciente temor de la inflación que también se propague. Y esto es plato favorito para la inflación; la segunda fase debería resultar la recesión.

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