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7 de febrero 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Ya estamos a jueves... y la semana vuelve a ser un caos de tendencia, donde los permanentes índices que apabullan a la mente de los norteamericanos -y, por extensión, a los de todo Occidente- mostró el martes un estado referido a los «servicios» y el desparramo fue mayúsculo nuevamente. Por allí pensamos ¿hasta qué punto es apropiado que una cascada de números llueva, todos los días, sobre epidermis que ya vienen escaldadas? No ya de los operadores y luchadores de mercado, en ellos lo escaldado de la piel debe resultar natural: inclusive desarrollando un «cuero» grueso, sobre la piel común de los humanos. Es que todo ciudadano debe estar hoy bajo la presión de su economía y de los tremendos desastres que ha venido viendo. Pero, les siguen agregando material -como el aumento de morosidad en tarjetas de crédito- y lo poco que se puede ganar en unos días de calma, decae de un plumazo, con cualquiera de tales indicadores. Si no será el del lunes, lo será el del martes, casi pareciera un diabólico juego semanal. El de ver a la gente eludiendo más preocupaciones, y a los funcionarios tratando de acertarles con un ratio negativo en medio de la cabeza. Todo debe tener una cuota de lógica, si se está en punto límite. No al estilo de un Moreno nativo, como el que tenemos, y que directamente cambia por bueno lo malo. Sino en saber que hay ciertas licencias que pueden tomarse los gobernantes, si la situación pasa por zona muy delicada. No como ahora, que se ven los esfuerzos hasta del propio presidente de Estados Unidos por restarle dramatismo al «parate» de la economía. Y, al otro día, queda totalmente devaluado, en cuanto algún nuevo índice se da a conocer.  


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Recordamos que el «viejo zorro» -Greenspan- decía que manejaba casi a diario, 18.000 índices distintos de la situación de la economía. Obviamente, no los tendría a todos sobre la mesa, pero sí poseía tal reserva de consulta permanente. Y está bien que la población y el mundo tengan pormenorizados los datos de quienes resultan los rectores -aunque no ya el ejemplo- desde distintos ángulos. Pero, vista la relación de causa efecto cuando los nervios están de punta y las medicaciones no surten el beneficio esperado acaso sería muy aconsejable ir a los trazos gruesos, periódicos, sin proveer de un menú permanente de resultados que -tal como está la situación- no tienen chance de venir buenos, ni alentadores.

Un buen líder de puntos límite -un Winston Churchill- podía prometer sólo «sangre, sudor y lágrimas», pero nunca contar lo cerca que se estuvo de caer ante la amenaza nazi. Si quieren rescatar el famoso «espíritu americano» ante la adversidad, no contribuye que de manera diaria los ametrallen con más datos, malos. Y si no cambia la expectativa racional, seguirán igual.

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