Cuando en nuestra Bolsa se tenían que vivir momentos muy angustiosos por una tendencia que se partía al medio, y todo derrapaba desde las alturas, siempre nos preguntábamos por aquello que no tendría jamás respuestas desde lo verificable y estadístico: ¿a cuántos inversores quemaba, muchos ya para siempre, un derrumbe accionario de gran magnitud? Ver el número de socios de la Bolsa de Comercio, en distintas etapas, no es evidencia que sirva, por cuanto no están todos los que son, ni son todos los que están listados. La línea que más sufre al caer en los grandes valles es la conformada por la gente que no adopta a lo bursátil como actividad permanente, ni es aficionada a estar pendiente de los ciclos siguiendo los triunfos y las derrotas, sino que se suele arrimar cuando va tentándose por una zona de crecimiento de los índices y se ve seducida por las grandes alzas. Es el que se interna en un bosque desconocido y cuando está por radicarse en el mismo aparece el lobo y se lo come.
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En Estados Unidos, que de ellos se trata ahora, existe una cultura bursátil mucho más arraigada y el escenario es muy distinto. Pero, cuando Bernanke anuncia que «habrá pequeños bancos en quiebra», cabe también preguntarse a cuánto llegará el número de quebrados más en el espíritu que en el bolsillo. Cuántos adherentes a la Bolsa estarán perdiendo en estos meses, cuando el mal avanza y los remedios no aparecen. Es más, cuando los diagnósticos hablan de una recuperación que será muy lenta. Distinto a las grandes caídas furibundas, donde se producía un sesgo como un tajo en los índices, pero que en plazo corto mostraba un piso y un principio de recuperación. Muchas víctimas, en la explosión y las secuelas inmediatas. Pero muchas menos que cuando se trata de una comezón que genera bajas, repuntes, bajas, que no hacen mucho ruido individual pero que van mellando a las distintas líneas, devorándose hasta a los más optimistas y permanentes inversores de Bolsa.
Estas son las cifras que nunca se podrán saber, porque no hay modo de cuantificar a los miles que se van apartando, y apostrofando contra una inversión que les ha destruido los ahorros. Y fuera de lo inmobiliario y lo bursátil, hasta dónde estará llegando el decaimiento de la población general que todos los días escucha una mala nueva que no le atañe directamente, pero que le llega como onda expansiva de distintas formas. Se suele hablar siempre del dinero, de los miles de millones aniquilados, de los salvatajes y su costo, pero la otra gran factura por pagar es la de ver en deserción masiva a infinidad de personas, allá hasta de familias enteras, que no querrán oír hablar de la Bolsa, acaso para siempre. Triturar almas es más grave que triturar dinero, en lo que hace a la cuenta esencial de los mercados.
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