Quedó claro, una vez más, que un mercado puede despegarse de la tendencia que ataca a los otros, pero solamente como excepción. Parafraseando la famosa expresión sobre la economía, alguien podrá rematar el concepto diciendo: «Es la globalización, estúpido...». Y eso es lo que es, simplemente, en un mundo de las finanzas donde todo da vueltas por las pantallas del planeta, sumando, restando, operando, comprando China, vendiendo Buenos Aires. O cubriendo Bovespa, colocando Mexbol. No hay modo de conocer hacia dónde se va desequilibrando el paño en las carteras internacionales, cuáles son las necesidades y las actitudes de vender en unos recintos, para salvar agujeros de otros. Solamente podemos saber lo más lineal y es que, al margen de matices, la tendencia la van copiando y reproduciendo en todas partes, a partir de un gran centro rector que hace agua.
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El Merval había conseguido en la pasada semana salir casi indemne de un par de ruedas fuertes, donde los otros sufrían de bajas. Pero, llegando el viernes, ya no se pudo articular ninguna estrategia que pudiera resultar defensa para lo que se venía. Y las órdenes de oferta terminaron por horadar al índice local, en mayor proporción que la baja de los restantes. Consecuencia lógica, el tener que pagar acumulado por los días donde se escabulló, astutamente, de la guadaña de los demás. Quedaba la posibilidad, que se había dado en la otra semana -cuando aquí el índice se ataba a Tenaris y lograba también resultados distintos al exterior-de que en la última rueda se produjera un rebote en el Dow y la onda expansiva a favor evitara que el Merval pasara a pagar por ventanillas. En tal caso, plegándose a la mejor onda general y haciendo un negocio redondo, fenomenal: casi sin perder con las malas ruedas y sacando buen partido de las buenas. Como esta vez no fue, se abrió una brecha en el dique de contención de nuestras líderes y por allí se fugó más de 2 por ciento.
En resumen, ya adentrados en marzo, a punto de concluir el primer trimestre de 2008, la situación prosigue en medio de la debilidad de los grandes y la indefensión de los más humildes. Mercados bursátiles, emblema del capitalismo, pero que « socializan» sus movimientos y la tendencia que rueda por el mundo.
Por lo cual, siguen en pie las únicas tareas valiosas que pueden hacerse -más allá de tentarse a acertar el signo de cada rueda y apostar a ello-y que pasa por limpiar carteras de «pesos muertos», de purificarla y concentrando en poseer un seleccionado de las mejores acciones: al menos, en los papeles. Llegada definitiva de las «memorias», material de lectura extenso, ocasión para medir y evaluar: mejorar.
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