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8 de mayo 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Los «Fondos Pensión» dan toda la idea de ser un sistema apto, como para superar al viejo esquema del «reparto». Este último tampoco luce como tan malo, como lo ha sido en gran parte de nuestra historia, salvo la falencia que le surgió ante un esquema de probabilidad de vida de sus participantes, que convirtió en escasa a la base activa que debe sustentarlo. En uno y en otro, un mismo «virus» los fue corroyendo desde adentro y para devaluar totalmente ambos sistemas, al menos, en nuestro medio. Gobernantes que han aplicado los garfios sobre ambos, llevándolos por un mal camino y después terminar echando culpas a otros.

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Y no colocando la lupa y la vigilancia, como la supervisión, donde sí hubiera sido de utilidad. Ejemplo: permitir que los recortes a los aportes privados, que realizan las administradoras, no se establecieran en niveles razonables de ingresos. En vez de las groseras deducciones, que tuvieron que soportar los adherentes. Pero, es historia conocida, tales comisiones fueron materia de intercambios (de donde, un ministro obligaba a llenar las carteras de títulos de deuda, amenazando ante cualquier resistenciacon bajarles el porcentual). Así como esos bonos sirvieron para ensuciar la convertibilidad, también fueron letales para las carteras de AFJP (entre otras joyitas).  

Así como un gobernante -del mismo palo- inculcó la «jubilación privada», a los pocos años llegó otro y habló pestes del sistema pretendiendo que el viejo modelo era el válido para recapturarle los fieles a las AFJP (que a tal altura de la historia, ya lucen como rehenes, sin nunca tener voz para opinar y sólo misión de: aportar).

Y como para rematar la faena y aplastarle mucho más la imagen al sistema privado llegó la orden de repatriar activos que estuvieran en el exterior, en una especie de estertor «nacionalista» sin mucho asidero. Inclusive lo puesto en Brasil, integrante del Mercosur y al que difícilmente se lo pudiera considerar como un foráneo común. Y de tal forma, estando en el mejor de los lugares y en lo que sería el mejor de los momentos para las carteras -y sus aportantes- las entidades debieron acatar la insólita medida tomada.

Modos directos y profundos para horadar no ya a las compañías -que siempre se llevan lo suyo, mes a mes- sino a los futuros jubilados, de un sistema al que parecen haber declarado como enemigo del otro (siendo que ambos tienen la misión de proteger al trabajador nacional). Ahora, hay una masa líquida que aguarda a ser «ejecutada» por nuevas ideas (y caprichos) de los que detentan el poder. ¿Y qué aventura financiarán esos fondos? Acaso, un tren bala. Un gasoducto faraónico, o -simplemente- tendrán que dar crédito a las arcas oficiales, atosigados de bonos que nadie quiere. Lindo.

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