Y el Central se puso de árbitro en mayo, siendo «la banca», para concluir con diferencia a favor de unos $ 70 millones, tras concluir la partida. Cuando fue necesario salió a «enchufar» (término bursátil) en la plaza. Y cuando se le ocurrió, fue dejando degradar a la divisa, inclusive ayudando a que ello ocurriera. En el juego del contado, contra futuro, asumió el papel de juez -y parte-, quedándose con diferencias de su especulación y jugador sentado a la mesa del mercado del dólar. Con la mano libre que le quedaba, también se dispuso a darles un precio sostén a los bonos e incursionó, casi a diario, metido como cuña entre vendedores y -raleados- tomadores de esos papeles.
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Una pregunta es: ¿quién se atrevió a apostar contra una banca con espaldas anchas y que, además, era el tallador en la mesa? Seguramente casi nadie puede pensar que el Central corre riesgos, para apagar toda corrida alcista que se quiere armar en el dólar.
Sin embargo, los que tomaron arriba -bastante público común en la calle San Martín- quedaron penando, con un derrape que fue marcando una escalera bajista, día tras día. ¿Para llevar el dólar hasta dónde?, sería la segunda pregunta. O lo hizo a modo de castigo el Central, o viene con otra estrategia detrás. A los industriales, a quienes ya les cuesta bastante exportar con el dólar a más de $ 3,20, seguro que las últimas cotizaciones de mayo les dieron bastante disgusto. Con lo cual, todo lo que ya comienza llegando a mitad de ejercicio es un embrollo cada vez más grande, en todas direcciones...
Papeles privados que son mucho más «duros» y confiables que papeles públicos (un absurdo, en cualquier parte). Un Banco Central que se sienta a la mesa y empieza a dar cartas y a intervenir en los mercados, para moverles el piso y los techos a los intervinientes casi como con un afán de casa financiera, buscando un lucro, que a simple árbitro de las cuestiones.
Un extraño juego del poder político respecto del agro, donde se sucede la vieja estratagema del «político bueno» y el «político malo», inyectando supuestas novedades que no varían posiciones anteriores. Como si sólo de ganar tiempo se tratara.
Si hay una época destacable de estos tiempos, donde nadie alcanza a entender nada: no lo dude, es ésta.
Y las desvalidas acciones, en medio de todo lo que les gira alrededor, vienen de un mayo caminando sobre las brasas y ganando su partido, pero encarando a un junio de desarrollo: impredecible.
Destacable el potencial que puede advertirse, por la forma en que se sostienen en sus pisos y procuran salir en ataque, en cuanto pueden. Homenaje a ellas.
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