Es curioso, justo en el momento donde más deja el gobierno a la Bolsa de lado... es cuando más la precisaría. Claro que, para que eso se entienda y no solamente en la cúpula, sino en todas esferas, hay un paso que para nuestra actualidad suena a imposible. Y es cambiar la mentalidad. Si seguimos con obtusos que proclaman que una Bolsa es poco menos que el símbolo de un aborrecido capitalismo. Y que se cree que es solamente un juego para elite, cuando es totalmente lo contrario: lo más abierto y disponible para inversor de todo calibre. A partir de esto, se tiene una idea muy cerrada de las posibilidades que brinda un sistema bursátil a una economía nacional: y como yendo sólo por un pasillo, sin poder ver a los costados, desde casi siempre se utiliza al mercado como un receptáculo del título de deuda pública, de bonos. Y nada más.
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Uno puede al menos soñar con que una señora presidente que ha intentado impregnarse de varios temas que no dominaba, en una tarde un tanto disponible, decida llamar a un par de personajes -con la mente clara- para que le expliquen, realmente, para qué diablos puede servirle una Bolsa a un gobierno. (Además de colocarle bonos, claro...)
Otra vez retumban los discursos desaforados, donde se ve como una hazaña soberana el tener nuevamente bajo el ala del Estado a empresas públicas. Moyano, que en estos asuntos puede ser declarado inocente (por inimputable), nombró a la línea media adquirida: Correo, AySA y ahora Aerolíneas. Indudablemente que lo hizo como que esto es sólo el principio. Y habrá que descubrir, a través de la actuación de los propios gremios, a qué nuevo objetivo le apuntan para sentirse orgullosos.
E insistimos, ¿alguno sabe de los números, auditados debidamente, de las cuentas del Correo o de AySA? ¿Y qué será de una Aerolíneas a la que, para colmo, la deciden complacidos los señores legisladores como «toda estatal» presionados -obviamente- por los gremios interesados?
Todavía no se pudo establecer cómo son los números verdaderos en el pasado de Aerolíneas, y eso que estaba en control privado, fácil es imaginar hacia dónde va: en cuanto sienten sus reales los señores que manejarán, alegremente, dinero del Estado.
Repetimos, cuando más se la está ignorando y hasta con ciertos desprecios, es cuando más precisaría de la Bolsa, un gobierno que viene acosado por denuncias de malos manejos en varias áreas. Y que no tendrá forma de ejercer control debido sobre estos tres grandes navíos, que vuelven a ser parte del Presupuesto nacional.
Simplemente con enviar a la Bolsa una parte del capital, ponerlas a cotizar: todo el resto se hace solo. Diversos controles, obligaciones a los directivos, auditorías, vigilancia absoluta: control de gestión. Tan sencillo como suena, señores gobernantes.
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