La tendencia de los mercados se divide en dos secuencias, un descenso habitual provista de paracaídas (que lo hace gradual, pero inapelable en su dirección). Y caídas repentinas, como un piano desde un décimo piso: brutal trayectoria, que hace estropicios inmediatos. Ejemplo de esto último resulta una rueda como la del martes, que sucedió a una como la del lunes y donde el ostentoso « salvataje» ensayado por el gobierno de Bush, fue capaz de encender una bengala, que duró una rueda. Pero, el piano local que vimos caer el martes en nuestro recinto preocupó. No tanto por la velocidad de caída -que estuvo en línea con el Bovespasino, por el peso que trajo cuando se venía a estrellar en precios.
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La peor conjunción para ver en una Bolsa es la de una baja de cotizaciones muy marcada, alimentada por un flujo de órdenes en la dirección opuesta: en ascenso.
Se podría encontrar -de modo rebuscado-una alternativa a esa relación. Y es que también es reconocido, en toda teoría básica, que al momento de ver una baja bien fuerte, pero con un importante aumento de los negocios, se puede dar una reversión de tendencia. En este caso particular no se dan otras condiciones, además de que $ 85 millones de efectivo no figura como dimensión de cifras que resulte «importante». Y, lo principal, que se da una madeja muy apretada entre malas señales que llegan del exterior, y que hay que copiar sin remedio, más una problemática de nuestro propio estado de sector financiero. Y de estado de ánimos, respecto de la situación general.
Y todo vuelve al mismo punto, ver una caída con un paracaídas, o desde un balcón pero, siempre profundizando la tendencia. Que ha llegado a un punto de perforar otro piso -muy velozmentey ver al Merval clásico transitar por debajo de los «1.600» puntos, ese martes por vez primera.
Afuera, la cosa es por el estilo, nada más que en otra dimensión y mucho más grave, sin dudas. Aquí, seamos sinceros, las bajas de la Bolsa no le interesa casi a nadie. Ya ha devenido en un simple juego entre profesionales, en un ambiente sumamente reducido. Pero, en Estados Unidos, sigue poniendo los pelos de punta lo que le suceda al Dow Jones: reflejo válido de lo que esperan de su economía. Y cabe preguntarse, qué nuevas ideas «salvadoras» le quedan por ensayar, después de esos anuncios de inundar de dólares los problemas y pretender taparlos con prepotencia.
Alguien, en televisión, decía el martes: «Si se busca algo positivo de hoy, que el petróleo bajó y ya está para caer de 100 dólares...». (Y eso no parece ser tan alentador, si es que anuncia una recesión mundial.)
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