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12 de noviembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Esperemos que los operadores locales no copien el juego, que parece haber despuntado en Wall Street. Y es el jugar a que no hay crisis, tomando cada índice, o balance desfasado y sesgado al negativo como una mala y sorpresiva novedad. Lo que da asidero para causar a las ruedas del modo más súbito, variando el tono de verde a rojo en cualquier punto de una sesión. «Hay muchos desocupados»... (sí, por eso es la crisis, estúpido). «El balance de la automotriz vino muy castigado»... (Y por eso es que uno de los salvatajes apunta a ese sector, tan naturalmente elástico a una contracción económica).

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«En el sector financiero echaron a mucha gente y se pronostica más...». Y si allí estuvo la caldera del diablo de todo el desastre. Un montón de entidades se cayeron, es lógico que se sufra mucho en tal sector). «El índice de confianza de la población ha caído...» (¿Y qué otra cosa puede esperarse en una crisis?). Se podría seguir renglones y renglones, con el reino de las obviedades que se pasan como noticia de tapa, o como alarma en el mercado. En cuanto sale algún nuevo numerito, de cualquier índole, se genera un vuelco sobre los índices. Como si, realmente, estuvieran evaluando la situación con ojos de épocas normales. Juego que coincide con el de «hacerse el muerto», a sabiendas de que viene un nuevo gobierno en el Norte y que puede intentar la loca tarea de arreglarlo todo, sin discriminar solventes, insolventes, aventureros, o empresas que -lógicamente- deberán ganar menos: pero que no están mal. «Dinero barato para todos, esta vuelta que la pague el Fondo Monetario. Aaaahhh... y que sea sin condiciones, por favor». Los países menores también se anotan en la carrera por «ligar algo», nosotros enviamos a Redrado, portando la bandera del reclamo. Ya hay quienes proclaman la surgencia de dinero «sin costo alguno». Como si lloviera «maná» del cielo y solamente bastara con recogerlo.  

Si se tratan de unir las piezas, a uno le da la sensación de que por esta vía solamente se irá a una tregua entre dos crisis. La presente y la que se puede formar después, por el impulso de salvar todo y a todos. Obama viene hablando de repartir frazadas para la clase media, para industriales, para bancos, para endeudados. De lo que no habla ni media palabra es de nuevas normas, de poner límite a los desvíos, de identificar y penalizar culpables que sirvan de ejemplo al mundo. Por emisión, está incitando peligrosamente a que se vuelve a armar un desastre futuro: y encima, dando a los forajidos un reparto de dinero casi sin costo. Muchos son víctimas del «riesgo del negocio», de mala administración y previsión. El pago de eso, es: la quiebra.

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