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9 de octubre 2010 - 22:42

Definitivo: sin inspecciones del FMI

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Amado Boudou.
La sanción más grande sería volver a permitir una revisión del Fondo en el país. Con esta frase a este diario, un alto integrante de la delegación argentina presente en esta reunión conjunta del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), dio esta mañana por cerrada y definitiva, al menos para la Argentina, la posibilidad de abrir las cuentas nacionales a los inspectores del organismo que maneja Dominique Strauss Kahn.

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Luego de recibir anoche instrucciones desde Olivos, el ministro de Economía Amado Boudou continuó durante su recorrida por diferentes eventos organizados por bancos y fondos de inversión (ver nota aparte) distribuyendo la posición particular del país sobre la advertencia que hizo ayer la cúpula del FMI para que se acepten estas inspecciones. Para el gobierno de Cristina de Kirchner, la situación es entonces cerrada y terminal.

Amado Boudou aseguró estar "preparado, tranquilo y seguro de defender los intereses de la Argentina", antes de las dos entrevistas más complicadas que tendrá en los últimos tiempos: hoy con el número 2 del Fondo Monetario Internacional el norteamericano John Lipsky y la que mantuvo ayer con el director para el Hemisferio Occidental del organismo, el chileno Nicolás Eyzaguirre.

Así como el ministro de Economía ya habló largamente con Cristina Fernández de Kirchner en Alemania sobre la posición que el país mantendrá en ambos encuentros (y en toda la reunión del FMI en general), también Lipsky y Eyzaguirre tuvieron sus encuentros con el director gerente del organismo el francés Dominique Strauss Kahn.

Antes de la reunión con el número 2 del organismo, voceros del Gobierno aseguraron a ámbito.com que oficialmente no aceptarán las revisiones del Fondo Monetario Internacional en relación al artículo IV de la carta orgánica por considerarlas, en este momento, políticamente "inaplicables e innecesarias".

"Argentina no tiene nada que discutir sobre su política económica con el Fondo y quedó demostrado que tampoco el FMI es importante para conseguir financiamiento externo a tasa menor a un dígito", dijeron fuentes gubernamentales luego de conocerse que el organismo llamó a los estados socios que no están al día con el cumplimiento de las fiscalizaciones básicas (dispuestas en el artículo IV de su carta orgánica) -entre los que se encuentran únicamente Argentina, Venezuela y Somalía- "a ponerse al día con esta obligación".

Ayer fue el turno del director para el Hemisferio Occidental del FMI, Nicolás Eyzaguirre. Boudou le anticipó al funcionario del organismo que la Argentina continuará con los rechazos a la auditoría que reclama el organismo. Además, el titular del Palacio de Haciendo pidió cambios que le permitan al país tener mayor peso dentro de las decisiones del organismo.

Durante la charla se discutieron "cuestiones monetarias y financieras" de la región, pero además, el ministro de Economía "resaltó la posición argentina sobre la composición del gasto respecto a la inversión en infraestructura, sobre todo en el sector energético".

Política, económica y anímicamente, Amado Boudou llega a esta nueva reunión anual del FMI, con una postura diferente al encuentro anterior de Estambul del año pasado, cuando debió penar en las calles de la ciudad frente a frente Eyzaguirre. Se recordaba dentro del gabinete argentino que en la anterior cumbre organizada esa ciudad turca, el ministro de Economía y el director del Fondo se habían trensado por la falta de apoyo del organismo para que el país pudiera salir al mercado financiero voluntario y solucionar la situación fiscal del 2010.

La falta de respuestas positivas desde el Fondo hizo que al regreso a Buenos Aires, Boudou, el viceministro Roberto Feletti y el subsecretario de Financiamiento, Hernán Lorenzino, comiencen a desarrollar lo que luego fue una de las propuestas más polémicas del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner: el uso de reservas para cumplir con los compromisos de todo el año. El proyecto generó después la crisis entre el gobierno nacional y la conducción del Banco Central de Martín Redrado, que derivó después en la eyección de este (no sin una larga crisis del último verano) de la entidad, su reemplazo por Mercedes Marcó del Pont y, luego, la concreción de la operación del uso de las reservas.

Hoy el ministro llega nuevamente al Fondo con otra posición personal. Se ve a si mismo, y a su equipo, en actitud ganadora; seguro de quién no quiere recibir ahora favores y en consecuencia se presentará con una actitud crítica ante aquellos que le negaron apoyo hace un año en Estambul. Para esto tiene preparado un largo discurso que repetirá en todas las ocasiones que pueda hasta que termine el encuentro de Washington, y que se basa en el largo listado kirchnerista de males que el FMI le generó al país en particular y al mundo en general. Hablará de la falta de actualización doctrinaria del Fondo, de la repetición de errores al recomendar a los estados a los que promete ayuda las mismas recetas de ajuste de la década del '90 y pedirá nuevamente una severa autocrítica. Reclamará a los estados más importantes del mundo, especialmente al G7, que se apure la reforma del organismo que maneja Dominique Strauss Kahn y repartirá elogios a aquellos economistas que lo critican con vehemencia, especialmente el norteamericano premio Nobel Joseph Stiglitz.

Boudou sabe que tiene una doble vía libre para esta posición. Conoce, apoya y fomenta la posición del matrimonio presidencial de no aceptar una revisión del FMI prevista en el artículo IV para concretar la solución del pago al Club de Paris. El ministro además descarta que tendrá disponibles en 2010 los 7.500 millones necesarios para cumplir con los vencimientos del próximo ejercicio, nuevamente a partir del uso de reservas del Banco Central. Obviamente también negará cualquier problema en el INDEC, y descartará cualquier posibilidad de intervención del Fondo en el organismo que debería medir la inflación.

Con ambas argumentaciones, Boudou sabe que no podrá contar con el FMI, nuevamente, para ninguno de los problemas que debe enfrentar el país el 2010, y que la visión de los Kirchner es que este enfrentamiento con el Fondo podría incluso ser utilizado electoralmente el próximo año durante las elecciones de octubre. Con este panorama, Boudou abrirá fuego contra el FMI, cumpliendo las ordenes dictadas desde Olivos y que tuvieron ya doctrina en la cumbre que Cristina Fernández de Kirchner mantuvo con Angela Merkel en Berlín el miércoles pasado.

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