El impuesto a los intereses desde hoy dejará de existir con su último pago. Tuvo tres años y medio de vigencia -fue creado durante la gestión de Roque Fernández- y en 1999 recaudó casi $ 700 millones. Algo alivia aunque ahora el problema no es el impuesto sino la falta de crédito directamente.
Ayer se cumplió con una promesa que repitieron varios gobiernos y que se basa en algo que para la mente de los políticos argentinos es una utopía: desde hoy ya no existirá un impuesto. Se trata del tributo al endeudamiento empresario, que desaparecerá cuando los últimos contribuyentes obligados a pagar la alícuota de junio de 2002 terminen de liquidarla. El impuesto dejará de tener vigencia desde el 2 de julio de 2002, el próximo lunes, y ya pasará a la historia; por lo menos hasta que otro gobierno se le ocurra reponerlo.
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Esta imposición, llamada oficialmente Impuesto sobre los Intereses Pagados y el Costo Financiero Empresario, surgió durante la gestión del ex ministro de Economía Roque Fernández en 1998 y comenzó a regir en el '99 con el objetivo de impedir dos males: eludir el tributo las Ganancias vía la toma de «autopréstamos» y disminuir la exposición de muchas empresas al sobreendeudamiento.
La eliminación definitiva fue negociada en abril por el titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Alberto Abad; y el enviado del FMI de esos días, Anoop Singh, que accedió a mantener el cronograma de eliminación.
Uno de los integrantes del equipo económico de R. Fernández reconoció a este diario que el impuesto «fue ideado para un momento en que se pensaba una Argentina en crecimiento promedio de 4%», pero que ahora «resulta problemático por la eterna recesión actual». En total, tuvo tres años y medio de vigencia. Hasta ahora por este impuesto se obtuvieron 694,8 millones de pesos en el '99, $ 855,1 millones en el '00, $ 444,7 millones en el '01 y hasta junio de 2002 se recaudaron 51 millones. En total, la suma llega a los 2.045,6 millones de pesos, con un promedio de 49 millones de pesos mensuales. Sin embargo, la recaudación por la baja porcentual progresiva de la tasa del tributo fue cayendo de los 60 millones de pesos mensuales de los primeros años de vida, a sólo los 6 millones de pesos de junio. Curiosamente, la decisión de terminar con el impuesto fue tomada por el fallido primer ministro de Economía de Fernando de la Rúa, José Luis Machinea, a mediados de 2000.
Según el tributarista Leonel Massad, se trató de un «mal impuesto» y probablemente «uno de los más distorsivos de todo el sistema tributario nacional». La alícuota del impuesto fue originalmente de 15% para los intereses de los créditos bancarios (90% de los casos) y de 35% cuando el prestamista era una persona física. Luego, las alícuotas fueron reduciéndose hasta llegar a 2% y 5%, respectivamente, que se pagaron hasta junio de 2002.
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