El banquero Jorge Brito emitió ayer un comunicado en el que «desmiente terminantemente cualquier participación suya en gestiones para la compra de parte de las acciones de Aerolíneas Argentinas». La versión había sido lanzada desde el despacho del secretario de Transporte, Ricardo Jaime, y recogida por algunos matutinos porteños. El comunicado agrega en boca de Brito: «Nunca se me hizo ninguna propuesta, ni lo he analizado como negocio, ni siquiera lo contemplo como posibilidad de expansión de mis actividades».
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Este diario había escuchado la «versión-operación» sobre el supuesto interés de Brito en ser el «socio oficial» de Aerolíneas Argentinas; sin embargo, no se la recogió por la obvia incompatibilidad de las dos actividades: un banco difícilmente podría soportar el impacto negativo de un accidente aéreo.
El banquero agrega: «Sin duda, alguien está desinformando o informando mal a los medios, ya que jamás he participado de gestión alguna de las que se me atribuyen».
Se posterga entonces la salida a la que aspiran Néstor Kirchner y su operador transportista Jaime, o sea, la foto de Gonzalo Pascual y Gerardo Díaz Ferrán (Grupo Marsans) firmando la capitulación y el ingreso de socios locales al capital de Aerolíneas, más el control de su gestión. Hasta ahora, sólo porque aún no lo ha desmentido como Brito, quedaría en el candelero Juan López Mena (Buquebús), que sí tendría interés en hacerse de la aérea.
Todo indica que sería ese grupo quien se «asociaría» con Marsans, tras lo cual habría aumentos tarifarios adicionales, subsidios a los combustibles, franquicias impositivas y otros beneficios que se les negaron sistemáticamente a los accionistas extranjeros. También casi con seguridad se terminarán los recurrentes paros «salvajes» protagonizados por el gremio de los pilotos (APLA), y que dejaron desprestigiada y moribunda a la línea de bandera. A raíz de la pérdida de pasajeros, el obligado cierre de rutas por carencia de aviones (que los comandantes se negaban a volar) y el desprestigio en que cayó la imagen de la aérea justamente por su impuntualidad y falta de confort a bordo, Aerolíneas Argentinas perdió u$s 15 millones sólo el mes pasado, en línea con los u$s 200 millones de quebranto padecidos durante el ejercicio 2007.
Gestiones frustradas
Quedarán así en la nada las gestiones que encararon por turnos el embajador español Rafael Estrella y luego su jefe, el canciller Miguel Angel Moratinos, a quienes el gobierno escuchó con atención -en ambos sentidos del término- para luego hacer exactamente lo opuesto a lo solicitado por el gobierno del «amigo» José Luis Rodríguez Zapatero.
Se dice que Marsans compartirá con Buquebús 70% de la compañía que quedará en manos privadas; fuentes del grupo español aseguran que ellos conservarán la primera minoría (¿40%?), pero admiten que abandonarán el manejo del «día a día». El restante 30% se dividirá entre el Estado (20%) y los casi 9.000 empleados de la compañía.
Ese número de trabajadores será uno de los temas a encarar por los nuevos socios-gerentes nacionales: se sabe que de ningún modo la empresa soporta esa masa salarial, sobre todo en las actuales condiciones de ocupación de vuelos y cierre de rutas. Será la difícil tarea del CEO que designe el socio local instrumentar el duro plan de racionalización que se avecina.
La otra gran pregunta es qué hará Marsans con Austral, que tiene buena parte del mercado de cabotaje. Si bien es un hecho que el Estado no debería tener injerencia, y que además sus gremios nunca fueron conflictivos, no es de descartar que el largo brazo de Jaime haga un esfuerzo por alcanzar esa aérea que nació y fue privada toda su vida. Austral, además, tiene presentadas desde hace un lustro solicitudes para rutas regionales (a países limítrofes) e internacionales (a Estados Unidos, México y Europa, entre otros destinos); hasta la fecha el gobierno no se los concedió; menos es de esperar que lo haga ahora que los empresarios que el propio Kirchner designó como «socios» se harán cargo de la principal transportadora aérea del país.
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