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6 de marzo 2003 - 00:00

Dividir Buenos Aires es un proyecto viable

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Ante el debate por estos días de la división de la provincia de Buenos Aires y la contestación -a veces cerrada- de otros sectores, creo absolutamente necesario que temas como éste que constituyen políticas de Estado que debe tomar el futuro PEN se dé en carriles de madurez y racionalidad, pues más allá de discursos electoralistas y visiones de campaña, es necesario que nuestra provincia de Buenos aires construya un sistema distinto que le dé la suficiente viabilidad política, jurídica y económica tan decisoria para el destino estratégico que tenemos como Nación.

Ni es nuestra provincia de Buenos Aires una beneficiada absoluta en el régimen de coparticipación de impuestos, diría incluso que es injustamente discriminada, ni constituyen aquellos que hablan de la posibilidad de su división o regionalización unos «meros planificadores de countries» como ha declarado nuestro gobernador. Construir el eje del debate en esos términos no es más que seguir mediocrizando y achatando el nivel de la discusión política en la Argentina.

El tema de la regionalización se instaló en la Constituyente de 1994 porque formaba parte de la agenda acordada, y es por eso que se incluyó un artículo de la misma (art. 124 CN), pero está pendiente la ley correspondiente para reglamentarla. Una fuerte discusión -como algunos pretenden reinstalar ahora- se instaló teniendo como protagonista al ex ministro Dromi -que incluso publicó un libro sobre el tema- que luego no condujo a nada, y es por ello que el planteo debe hacerse desde el punto de vista de una nueva Argentina teniendo en cuenta la distribución equitativa de sus riquezas, para lo cual debe hablarse de un nuevo análisis de las economías regionales, de los equilibrios fiscales, y de los gastos de los estados provinciales.

En nuestra provincia de Buenos Aires diferentes entidades, pensadores y grupos han planteado de distinta manera las posibilidades que incluyen desde la creación de una nueva provincia con sede en Bahía Blanca, hasta la posibilidad de cambiar las secciones electorales de nuestra provincia -tan arcaicas como funcionales a los grupos políticos dominantes-. Existe un movimiento de muchos ciudadanos del norte y oeste de la provincia que pretenden formar parte de la provincia de La Pampa por diferentes motivos que sucintamente se refieren a: la cercanía e identidad de sus pueblos, los mismos parámetros económicos, la similitud de sus corredores productivos, e incluso de la excelencia de sus gestiones gubernamentales, que hacen que miles de bonaerenses miren con envidia los gobiernos de dicha provincia, y con recelo el centralismo platense que durante años han olvidado miles de hectáreas inundadas, miles de empleados públicos sin la suficiente cobertura social, miles de ciudadanos alejados en síntesis de la toma de decisiones que afectan a ciudades como Trenque Lauquen, Pellegrini, Tres Lomas, Guaminí, Salliquelló, América o General Villegas -por citar sólo algunas-, más allá del esfuerzo y del trabajo de sus intendentes y gobiernos locales que peregrinan habitualmente a la ciudad cabecera de la provincia de Buenos Aires en búsqueda de soluciones para sus poblaciones. Así como Europa comenzó desde la posguerra a realizar este estudio de la regionalización porque comenzaron a visualizar todos los equilibrios necesarios para salir de la situación de crisis en la que se encontraba y así se crearon las regiones de España, Francia e Italia, es necesario que los argentinos -y en especial los hombres de la provincia de Buenos Aires- entendamos el necesario estudio sobre temas como éste que finalmente debemos realizar, si no sigamos haciéndoles trampa a nuestros ciudadanos con proyectos meramente clientelísticos o electoralistas.

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