Entra el dólar, sale el peso: ¿Es posible dolarizar la economía argentina?

Economía

Para el economista Alfredo Romano, "el peso ya murió en la Argentina" y "nos acercamos a un cambio de paradigma económico". Por eso, propone una solución de fondo: la dolarización de la economía. En esta entrevista, argumenta por qué es factible implementarla, bajo ciertas condiciones, y detalla cómo este plan cambiaría el rumbo del país.

“Nos acercamos a un nuevo cambio de paradigma económico. El peso ya murió en la Argentina y por más que hagamos intentos por valorizarlo no tendremos nunca los resultados esperados”. Así de tajante y crudo es el economista Alfredo Romano al ofrecer un pronóstico sobre la economía local y al describir el estado de situación de la castigada moneda argentina.

Como ya sucedió en varias ocasiones en nuestro país, y por última vez a partir de 1991 con la Convertibilidad, este economista mendocino -magíster en Finanzas en la Universidad de San Andrés y magíster en Políticas Públicas con enfoque en macroeconomía de la Universidad de Columbia, EEUU- cree que es necesario un cambio de régimen monetario para terminar con “la debacle económica argentina”, pero diferencia de aquello, en esta oportunidad, va un paso más allá y pone en debate la idea de dolarizar la economía.

De hecho, en su último libro, "Dolarizar. Un camino hacia la estabilidad económica" (El Ateneo, con prólogo de Sergio Berensztein) - que presentará este miércoles -a las 18.30 horas de forma virtual a través de YouTube-, el presidente de Romano Group explicita, en forma detallada y persuasiva, los beneficios de implementar plan monetario regido por el billete verde, para el cual, advierte, es imperioso alcanzar consensos básicos.

Afirma, en una entrevista con Ámbito, que la dolarización es mucho más que un plan estrictamente monetario, dado que obliga también a revisar la cuestión fiscal y sobre todo el rol del Banco Central. Pero, además, responde a los principales cuestionamientos que usualmente se hacen al plan, aceptando que, la dolarización conlleva costos y acota el margen de acción en contextos recesivos y de iliquidez global. Por otra parte, da cuenta de casos paradigmáticos, como el de Ecuador, señalando algunos de los errores que convendría evitar. Y detalla de qué forma se puede instrumentar este plan en Argentina, sin dudas, disruptivo.

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Periodista: ¿Cómo analiza la actual situación de economía argentina y qué valoraciones puede hacer de la misma?

Alfredo Romano: Cuando observamos todas las variables fundamentales de la economía argentina, como pobreza, desempleo, PBI per cápita a precios actuales, salario real en dólares, evolución de las exportaciones, indicadores que analizo en el primer capítulo del libro “La debacle argentina” -hace referencia a los últimos 40 años en materia económica-, vemos un deterioro marcado, sobre todo en los últimos 12 años. Lamentablemente, estoy convencido que otra década de malaria nos llevará a compararnos con los países más pobres del mundo ubicados en el continente africano.

P.: Si tuviera que mencionar el principal problema estructural de la economía argentina, entre varios que coexisten, ¿Cuál destacaría y por qué?

A.R.: Podría destacar al déficit fiscal, pero creo que el principal problema estructural que enfrenta nuestra economía es el bimonetarismo. La gran diferencia con Colombia, Brasil, Bolivia, quienes conviven hace décadas con déficit fiscales recurrentes es que nosotros no tenemos moneda, mientras que ellos sí. Eso amplifica nuestros problemas macroeconómicos porque no podemos generar el financiamiento local para subsanar nuestro déficit. La economía argentina es una gran generadora de riqueza, pero el sector privado, al desconfiar de la moneda, elije no invertirla en la economía real. Lamentablemente, el circulo vicioso de no tener moneda y tener déficits fiscales en forma prolongada, nos llevan a la dependencia del crédito externo, del Fondo Monetario Internacional y de las deudas en dólares. Endeudarse en dólares en una economía sin moneda equivale a enfrentarse a una pelea con un boxeador excampeón mundial de pesos pesados, y pensar que podemos ganarle. Imposible. Saldremos heridos o tal vez muertos, como sucede hace décadas en nuestro país.

P.: Uno de los debates recurrentes en nuestro país, que también estuvo presente en la última campaña electoral y sobre el cual hay divergentes puntos de vista, está vinculado a las causas de la inflación. Según su opinión, ¿Cuál o cuáles son las variables que generan inflación en Argentina?

A.R.: Considero que la inflación es un fenómeno multicausal: condicionan la variable psicológica, una manía argentina; pero también la mala praxis económica; la causa temporal; el bimonetarismo; y la administración de recursos. Explico en detalle cada una de ellas en el libro. Bajar la inflación es determinante para crecer en Argentina. Si la inflación de dos dígitos es persistente, no permite bajar la tasa de interés, que resulta ser un motor fundamental para incentivar la inversión productiva en Argentina. La disminución de las tasas es una condición esencial para que aparezca el llamado círculo virtuoso del desarrollo económico. En esencia, las condiciones que activan a la inversión productiva son dos: primero, estabilidad macroeconómica y, segundo, bajas tasas de interés. Cumplidas estas dos condiciones, aparece la variable considerada como decisiva en la economía de un país: la inversión real. En efecto, la inversión real, esto es la inversión en industria, infraestructura, minas, petróleo, pesca, agricultura, ganadería, es decir, en el sector productivo de la economía, no en el sector especulativo es la variable que genera efectos multiplicados en el producto y en el empleo (Naranjo,2012).

P.: A lo largo de su historia, Argentina ha cambiado en varias ocasiones su moneda. La última vez fue en 1991 con la promulgación de la Convertibilidad. ¿Cree que en el corto plazo puedan darse las condiciones para que haya otro cambio de divisa?

A.R.: Trabajo todos los días para que ello suceda y creo que cada día que pasa nos acercamos más a un nuevo cambio de paradigma económico. El peso ya murió en la Argentina y por más que hagamos intentos por valorizarlo no tendremos nunca los resultados esperados. Hablaste de convertibilidad aprovecho a marcar las grandes diferencias entre una dolarización completa y la convertibilidad de los 90’. Las cajas de conversión o “convertibilidad” tienen como principal objetivo fortalecer la moneda doméstica mediante un compromiso legal de mantener una paridad fija de dicha moneda. En los 90’ nuestra paridad era el “1 a 1”. El objetivo era procurar que la población crean o vuelvan a creer en la moneda nacional y la usen de acuerdo con todas las funciones del dinero. Por ende, la convertibilidad resulta ser la máxima expresión del bimonetarismo, ya que dos monedas circulan de manera legal. También, en este régimen monetario, a pesar de que el Banco Central no debería tener libertad para emitir, puede indefectiblemente hacerlo, como lo vimos en la 2da etapa de la convertibilidad Argentina, donde se perdió en parte la ortodoxia monetaria. Es decir, la independencia de la política monetaria está completamente supeditada a la conducta de los gobiernos de turno. Por otro lado, en un régimen de dolarización, los objetivos difieren radicalmente de las cajas de conversión ya que no se busca fortalecer la moneda doméstica, sino que, al contrario, se la elimina definitivamente del sistema monetario. La dolarización de la economía significa que no existe nunca más la posibilidad de emitir por parte del Banco Central. Por ende, la independencia de la política monetaria queda absolutamente protegida de los gobiernos de turno. Es importante remarcar este punto, ya que si uno analiza los últimos 50 años en materia de política monetaria, todos, absolutamente todos los gobiernos argentinos de turno - peronistas, radicales, cambiemos - no lograron independizar la política monetaria de los intereses del gobierno de turno. Los resultados: en los últimos 40 años, convivimos con un promedio de 60% de inflación anual y nuestro producto bruto interno es de los que menos creció de toda América latina en términos reales.

P.: Usted asevera en su último libro que un camino hacia la estabilidad es dolarizar la economía, ¿Cuáles son sus principales argumentos para llegar a tal conclusión?

A.R.: Tengo varias razones: porque es un mecanismo monetario que permite bajar dramáticamente la inflación en poco tiempo; porque limita los canales de gastos de los gobiernos de turno; porque es una política monetaria que permite definitivamente independizarla de los intereses de los gobiernos de turno, evitando la emisión monetaria descontrolada; porque sin moneda no hay economía y Argentina necesita urgente tener una moneda que no es más que una herramienta de la economía; porque el régimen histórico de bimonetarismo ha sido un fracaso rotundo; y porque es la única política monetaria que nunca probamos en nuestra historia.

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P.: ¿Qué significa en términos prácticos una dolarización de la economía? ¿Cómo se instrumentaría?

A.R.: Dolarizar la economía significa que todo se va a regir por una única moneda de referencia, el dólar. Respecto al proceso de dolarización se debe llevar adelante canjeando la base monetaria por dólares, es decir, M0, que resulta ser la cantidad de billetes y monedas en manos de los argentinos. También se suma el dinero de los bancos depositados con el Banco Central.

P.: Ahora bien, dolarizar la economía también tiene varias complejidades. En ese sentido, ¿Qué amenazas/costos trae aparejados este proceso?

A.R.: La eventual falta de liquidez constituye un punto importante que podría verse como una desventaja al proceso de dolarización, ya que este programa cristaliza los recursos disponibles que tiene la economía. Si no hay liquidez en la economía, no se crece. No se puede emitir para generar crecimiento ficticio, como le apetece a la política argentina. Se pierde el recurso de recaudar por parte del Banco Central llamado señoreaje y además se pierde la capacidad de recaudación del impuesto inflacionario. Además, se pierde la independencia monetaria. Podríamos enfrentar un proceso de baja competitividad, aunque Argentina según distintos rankings mundiales está dentro de los grupos con peor competitividad del mundo. Según el Ranking Mundial de Competitividad que es elaborado desde 1989 por el IMD, un Think Tank con sede en Suiza que analiza la competitividad a nivel global a través de evaluaciones comparativas entre los países, estadísticas e investigaciones, Argentina se encuentra penúltima en un grupo de 64 economía analizadas.

P.: ¿Cree que hoy están dadas las condiciones para que Argentina dolarice la economía?

A.R.: De ninguna manera, ya que no tenemos los dólares y este Gobierno no tiene la confianza necesaria que se requiere para generar un cambio de paradigma económico. Sin embargo, el cambio de ciclo económico llegara próximamente y es fundamental que este programa de dolarización haya sido estudiado y analizado exhaustivamente para que se pueda implementar. Los dólares que necesita nuestra economía para llevar adelante este proceso son mínimos respecto a la capacidad de producirlos que tiene la Argentina.

P.: ¿Qué debería desencadenarse para que eso suceda?

A.R.: Que las condiciones económicas y sociales empeoren aún más. Frente a un desconcierto económico y social de envergadura, la dolarización será una excelente opción para evaluar y posteriormente implementar. Sin esta situación crítica es difícil que la política acepte y tenga la humildad de reconocer que “no pudimos”.

P.: ¿Qué países que llevaron adelante la dolarización podría destacar? ¿Hay alguno comparable con Argentina?

A.R.: Ecuador es un ejemplo muy interesante, ya que venía de una crisis económica muy profunda y la dolarización resulto ser determinante para lograr estabilidad y crecimiento sostenido durante sus primeros 10 años. La segunda etapa ha sido más limitada porque no llevaron adelante las medidas económicas que requieren un proceso tan exigente como lo es esta reforma monetaria. La dolarización es fundamental, pero no suficiente. En el libro expongo la necesidad de llevar adelante otras medidas en el plano fiscal, comercial, bancario y laboral para construir y generar las condiciones para crecer en el largo plazo.

P.: Si finalmente no hay consenso para dolarizar la economía, algo que luce probable por ahora, ¿Qué otra alternativa considera viable para estabilizar la macro argentina?

A.R.: El otro camino que nos queda es el de Perú, pero es un camino muy largo y necesita de muchísima disciplina monetaria y lógicamente fiscal, esta última, al igual que la dolarización. Me cuesta pensar en lograr la independencia de nuestro Banco Central evidenciando la poca credibilidad de nuestras instituciones: desde 2001 hemos tenido 13 presidentes en el BCRA, cada mandato en teoría debe durar 6 años a partir de su designación por el Poder ejecutivo con acuerdo del Senado de la Nación, aunque pueden ser reelectos. A excepción del caso de Martin Redrado, que duró en su cargo desde el 24 de septiembre de 2004, al 22 de enero de 2010, y de Ernesto Bosch, quien presidió desde el 31 de mayo de 1935 al 18 de septiembre de 1945, el resto de los presidentes no cumplieron su mandato y una mayoría no alcanzó a cumplir ni siquiera 2 años, es decir un tercio de su ciclo. Por lo tanto, desde 1935 hemos tenido 62 presidentes cuando en teoría si se hubiera respetado el artículo 7 de la ley orgánica del BCRA 21.144, deberíamos haber tenido menos de 15 presidentes.

P.: ¿Cuál es su mayor motivación por impulsar este régimen que genera tanta polémica en la Argentina?

A.R.: Cambiar la realidad de más del 50% de los argentinos que viven en la pobreza. La dolarización viene a democratizar la moneda en Argentina. En la actualidad, los pesos, es decir, la moneda devaluada, volátil y que sufre de la inflación, es de los pobres, mientras que los dólares son de aquellos que tienen una mínima capacidad de ahorro. La dolarización rompe ese esquema y todos, absolutamente todos, podrán disponer y vivir de una moneda estable, segura y que no se va a devaluar contra los productos de limpieza, precio de la ropa o de los alimentos.

P.: Por último, ¿Cómo analiza el fenómeno de las criptomonedas? ¿Es descabellado pensar que en algún momento las cripto puedan ser moneda de curso legal en el país, tal como ocurre en El Salvador?

A.R.: Es un mundo que está creciendo exponencialmente. En el momento en que se encuentran las cripto, no permiten pensarse para implementarlas en nuestra economía ya que tienen un largo camino que recorrer para transformarse en reservas de valor y cumplir una de las 3 funciones de las monedas. El principal factor es la extrema volatibilidad que sufren varias de ellas. Otro punto importante es que todavía se realizan mínimas transacciones en el mundo con estos nuevos instrumentos, por ende, falta una mayor globalización y aceptación de los mercados. Finalmente, la regulación de la banca global llegará en algún momento. Creo que a diferencia de lo que piensan muchos, puede ser una oportunidad para bajarle la extrema volatibilidad y terminar de consolidarse como una herramienta monetaria más en el sector financiero.

Presentación del libro "Dolarizar. Un camino hacia la estabilidad económica": para participar de la misma es necesario inscribirse en este link.

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