Restricción externa y el ciclo eterno

Economía

Sísifo fue un personaje de la mitología griega que, condenado por Zeus, pasó toda la eternidad arrastrando una piedra, pendiente arriba, de forma tal que una vez que legaba a la cima, esa piedra volvía a la base y debía ser nuevamente arrastrada. Si hay algo seguro en la Argentina, es que, casi en forma cíclica, el dólar será escaso y eso se transformará en un problema. Teniendo presente que somos un país que emite pesos, alejado de los grandes mercados, con bajo poder de lobby para colocar exportaciones, entonces será la restringida oferta y la gran demanda de esas divisas, la que determine no sólo su precio, sino también su uso. Mal que le pese a muchos, la restricción externa no sólo existe, sino también es parte fundamental de la historia argentina y de sus crisis. De ahí en más, se decidirán los principales vectores de la economía.

El tiempo ahora es precisamente este. Dólar escaso. Sería necio, aquí y ahora, hacer memoria sobre el despilfarro (el verbo queda corto) que se hizo de las divisas fruto del endeudamiento por parte de la gestión anterior. Lo que sí hay, ahora, es que asumirlo. Son dólares que no están, que se fugaron, y que ahora se han transformado en deuda que comenzará a pagarse más adelante. Así y todo, si solamente dependiésemos del saldo de la balanza comercial, se tendrían poco más de 1000 millones mensuales como saldo (exportaciones estancadas versus importaciones que se cayeron por la recesión). Sin embargo, producto de las inconsistencias previas, con mercados desdoblados y brecha cambiaria, esto genera presiones importantes sobre las reservas. Esos dólares no son para financiar actividad, sino para ahorro y consumo.

¿Cuál es el problema, entonces? El problema, no es tanto que se necesitan dólares para pagar importaciones (hay dólares del saldo comercial), sino que la demanda de dólares viene mayormente de aquellos que buscan el dólar como reserva de valor con el incentivo que surge de la brecha.

Entonces, la salida es siempre la misma. Los desequilibrios se ajustan por precio, o por cantidad. El cepo es un ajuste por cantidad, te venden a un determinado valor una cantidad limitada de dólares. Esto es así porque el Gobierno estima que, de la otra forma, se tendría un sacudón devaluatorio y, por ende, inflacionario, con todo el efecto pobreza que esto genera. Cuando eso sucede, entonces los negocios en divisas se alojan por afuera de la plaza oficial, y terminan ajustando su valor por precio. Se supone que a $ 130 hay mayor oferta de dólares que a $79. Por eso el cepo aplica en este último valor y no tanto en aquél. Ayer el BCRA hizo nuevamente un ajuste por cantidad. Los consumos en dólares con tarjeta de crédito, por ejemplo, pasan a considerarse dentro del límite de 200 dólares por mes que se permite adquirir a las personas. Por otro lado, tanto la compra de dólares como también el consumo con tarjeta será alcanzado por un pago del 35% a cuenta del Impuesto a las Ganancias. Entonces, al 30% del impuesto PAIS que se le sumaba al dólar minorista, se le agregará el 35% de Ganancias. Al precio de hoy de 79 pesos, daría un tipo de cambio de 131 pesos. Las medidas suman restricciones para que las empresas accedan al mercado para saldar sus deudas en dólares, todo un problema que habrá que ver cómo será administrado por los empresarios. Podrán comprar dólares por el equivalente al 40% de la deuda documentada. Mientras que por el 60% restante, deberán presentar un plan de refinanciación. Y así. La restricción externa ha resultado valiosa intérprete de las crisis. Lo hizo una vez más.

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