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Sólo como referencia, vale la pena apuntar que a finales de 2001 apenas se debía poco más de 3 presupuestos anuales y que el gobierno nacional de entonces cayó por su incapacidad para corregir un desajuste que ahora parece ínfimo. Este incremento del endeudamiento, entonces, cuando es medido en los términos más relevantes, a saber, en función de la auténtica capacidad de gasto del deudor (el presupuesto del Estado nacional), significa nada menos que la cuadruplicación de la deuda en sólo un año y medio.
Dada su altísima magnitud, un incremento de la deuda semejante implica que el gobierno ha recurrido a un gasto oculto, adicional al ejecutado, equivalente a u$s 2.500 millones promedio por mes, el que no había quedado registrado hasta que las autoridades del FMI obligaron al ministro Roberto Lavagna a reconocerlo en un documento público: la decisiva carta de intención firmada hace unos días.
En efecto, la decisión de subsidiar a los deudores en dólares del sistema financiero, mediante la pesificación 1 a 1 de sus deudas, le terminarán costando al Estado una emisión total de bonos por u$s 16.424 millones más otros $ 12.339 millones. Como estos últimos están indexados, para junio de 2003 (cuando el gobierno actual se haya retirado) su incremento representará otros $ 8.513 millones adicionales, los que seguirán in crescendo según aumente la inflación.
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