El 8° mandamiento
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La deuda en pesos que indexa por CER equivale a u$s 43.600 millones y representa 46% del total. De ese total, u$s 21.900 millones corresponden al canje (Par, Discount y Cuasipar). Con el aumento de la inflación y una divisa estable, la consecuencia es que aumenta la deuda nominada en dólares.
Luego de esta transacción, el gobierno consideró que ya no era buena idea emitir en moneda local ajustable por inflación. «Nuestro compromiso era con la estabilidad de precios, pero el gobierno lo considera una cuestión secundaria», se defienden en el entorno de Lavagna. No dicen (omiten una vez más) que en 2005 la inflación llegó a 12,3% (Lavagna fue ministro hasta el 28 de noviembre de ese año).
Por lo tanto, se volvió a colocar títulos en moneda extranjera, pese a las críticas que hubo a la gestión de los 90 por este comportamiento. En la jerga financiera se denomina a la emisión de deuda en dólares «el pecado original». Todos los paísesquieren evitarlo, pero ninguno lo logra. Y Kirchner también sucumbió a esa tentación. A partir de 2005 hubo colocación a Venezuela, licitaciones abiertas entre inversores locales y ahora una colocación a la ANSeS.
A mediados de este año se abrió la puerta para emitir en pesos sin ajuste, pero duró menos que un suspiro: El BONAR V en pesos, que salió a 11,40%, se derrumbó y, como consecuencia, ahora rinde 16,50%. La suba de la inflación y la incertidumbre de los inversores por la manipulación del INDEC hicieron perder todo interés por invertir en pesos. Un símbolo de la escasa credibilidad que despierta el peso, justo un año en que las estrellas fueron las monedas de los países emergentes (se apreciaron más de 20% contra el dólar).
El panorama que le espera a Cristina de Kirchner ofrece varios interrogantes. Pese a la «gran quita» que asegura el gobierno haber conseguido en 2005, la deuda argentina continúa representando más de 60% del PBI, por encima de los niveles de casi todos los países de América latina. Los mercados internacionales siguen cerrados a emisiones del país y los bonistas se muestran más combativos que nunca para la reapertura del canje. El «pasivo contingente» que acecha al país, si prosperan las demandas, es millonario.




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