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Pero los altos relieves de oro del G-8 se troquelan hundiendo el reverso de la medalla contra el yunque de esa globalización, según las denuncian de los miembros del G-77 -al que se añade China-, cuyos representantes comenzaron ayer en Doha la II Cumbre del Sur.
El G-77 nació en 1964, tras la primera reunión de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo, cuando 77 países en desarrollo, que no pertenecían a ninguno de los dos bloques existentes en la Guerra Fría, decidieron unirse para mejorar su capacidad de negociación en el sistema de las Naciones Unidas.
Ya entonces, en su primera declaración, el 15 de junio de ese año, el G-77 señalaba que «los esfuerzos de los países en desarrollo para elevar la calidad de vida de sus pueblos» se hacía «bajo condiciones externas adversas».
Cuarenta y un años después, muchas de esas quejas volverán a escucharse en la II Cumbre del Sur.
Según datos difundidos por el grupo, la disparidad de ingresos se ensancha.
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