El paisaje de Bariloche, más precisamente el denominado Circuito Chico, podría tener un agregado -seguramente bello- de concretarse la intención de la sociedad que conforman IRSA y la familia propietaria del Alvear Palace Hotel y las Galerías Pacífico: ese grupo estaría dándole los toques finales al proyecto de ampliación del Hotel Llao-Llao.
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En realidad, lo que se hará es un sector completamente nuevo, sobre las márgenes del lago Moreno Chico, a un par de kilómetros del histórico establecimiento diseñado por el arquitecto Alejandro Bustillo, con seguridad una de las postales más clásicas del sur argentino. Lo que se construirá -de acuerdo con fuentes cercanas a los propietarios- es un complejo de cabañas de lujo, dentro de las tierras del complejo Llao-Llao, en un área conocida por propios y ajenas como «la Siberia». No hace falta demasiada imaginación para entender que el apodo se debe al escaso desarrollo que -hasta ahora- tuvo esa área del complejo.
La necesidad de ampliar el tradicional cinco estrellas barilochense se basa en que el hotel permanece ocupado prácticamente a 100% durante casi todos los fines de semana del año, y tendría una demanda similar casi toda esta temporada de verano. Dado que los empresarios dueños del Llao-Llao preverían que esos niveles de ocupación no sólo se mantendrán a lo largo del tiempo, sino que irán creciendo, habrían decidido desempolvar una vieja iniciativa que había quedado postergada para mejores tiempos.
• Críticas
El rumor indicaba que del proyecto incluso podrían intervenir los herederos del propio Bustillo -que tienen un estudio de arquitectura en Buenos Aires-, en cuyo poder obrarían los planos originales del Llao-Llao. A la inspiración de Bustillo se deben obras magníficas y paradigmáticas, como el Hotel Provincial y el Casino de Mar del Plata, la rambla de esa ciudad, la Capilla de San Eduardo -frente al Llao-Llao- y la sede central del Banco Nación. Sin embargo, tanto el Provincial como el Llao-Llao fueron criticados por su supuesta falta de «funcionalidad»: sus amplísimos pasillos y áreas comunes resultan poco rentables en una época en que aún los hoteles más lujosos privilegian los metros cuadrados destinados a alojar pasajeros. Seguramente, con este dato a la vista, los dueños actuales del Llao-Llao (que pasó por varias manos antes de ser comprado por IRSA/Alvear) encararán el proyecto de ampliación de manera diferente a como lo hubiera hecho Bustillo.
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