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1 de octubre 2007 - 00:00

El Moreno americano

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Washington (Bloomberg) - El índice de precios al consumidor de Estados Unidos continúa siendo un ejemplo del arte de la tergiversación económica. Por cuanto los salarios, las alzas del Seguro Social por el costo de vida y los presupuestos de algunos organismos están vinculados con el IPC, al gobierno le conviene mantenerlo lo más bajo posible. A la vez, el verdadero costo de vida -el que se paga después de impuestos, facturas médicas, gastos universitarios y otros costos del hogar-es probablemente mucho más alto que la tasa de 2% anual que informó el gobierno en julio y que muestra un ligero descenso.

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Millones de personas están perdiendo ante la inflación porque los aumentos salariales no se mantienen al día con el costo de la atención médica, los beneficios de empleo perdidos, los gastos de los propietarios de vivienda, la energía y el transporte. También hay un gigante que asoma en la economía de Estados Unidos y que hace que el índice de precios al consumidor del gobierno sea más engañoso. Incluso ante la acuciante realidad de los precios menguantes de las viviendas, los costos asociados con la propiedad, como impuestos, mantenimiento y financiación, están subiendo más rápidamente que el índice.

La reducción de medio punto en la tasa objetivo de la Reserva Federal la semana pasada, a 4,75%, hará poco para proteger a más de 2 millones de propietarios de la ejecución de hipotecas debido a préstamos de tasa ajustable que están aumentando a pagos mensuales que la gente no puede hacer. La bonanza, recientemente agotada, de la propiedad residencial en Estados Unidos continúa tensando los presupuestos familiares, aun cuando poca de esta inflación doméstica es medida por el índice del consumidor.

La mayoría de los críticos del IPC han tenido un festín con el índice basado en la verificación irrealista de los costos habitacionales. La entidad estadística, que compila el índice, ha afirmado que no es un índice completo de costo de vida. Existe aún la impresión, común y errónea, de que la inflación al consumidor está representada en esta medición. Los gastos médicos también se subestiman. No hace tanto que los empleadores podían cubrir casi todas las facturas de servicios médicos de un empleado. Ahora los trabajadores están pagando un promedio de u$s 3.281 de sus salarios para la cobertura médica de la familia, según la Kaiser Family Foundation, una organización sin fines de lucro de Menlo Park, estado de California. La prima promedio para una póliza familiar es superior a los u$s 12.000 anuales. Desde 2001, las primas de salud han subido 78%, en tanto los salarios tan sólo han aumentado 19%. El indicador de inflación del gobierno para ese período fue de 17%.

Uno se mantiene a la par con la inflación si su ingreso puede cubrir la pérdida de beneficios y otros gastos familiares que han subido. Si uno cobra en bonificaciones y comisiones, con frecuencia puede cerrar la brecha en años buenos. Los salarios a menudo se rezagan porque muchos aumentos están basados tan sólo en el índice al consumidor. Lo que ninguna medición del gobierno puede cuantificar es el valor neto de una familia. Esto es todo su patrimonio -capital pago de la casa, acciones, bonos, capital empresarial, planes de retiro- menos las deudas. Tener un valor neto positivo es un paso en la dirección correcta. No obstante, la mayoría de las familias no experimentan esta sensación de riqueza hasta que sus hijos terminan la universidad, otro gasto enorme que ha estado trepando al triple del ritmo del índice al consumidor.

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