La pérdida de valor adquisitivo de la población asciende a 20% desde la devaluación, según el índice denominado Inflación de Bolsillo, elaborado por la consultora CCR. El mismo muestra que durante la última semana de marzo ese indicador creció 3,5%, el más alto en lo que va del año. «La diferencia entre nuestro índice y otros que están circulando por estos días es que contempla el efecto de los aumentos en los hábitos de consumo de la población, porque surge de todo lo que se vendió en cuatro rubros (alimentos, bebidas, limpieza, higiene personal) en las grandes cadenas, autoservicios, almacenes, etc., y el precio que se pagó. En otras palabras: si una determinada marca de té subió 100% y el consumidor la reemplazó por otra que se mantuvo, ese 100% (que en el IPC del INDEC influye 100%) en nuestro índice tiene un peso menor», dice Gabriel Olivetto, de la consultora.
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Según la encuesta, durante febrero se redujo 10% el consumo en esos cuatro rubros contra el mismo mes del año pasado, medido en volúmenes (kilos, unidades, litros). «Hay una regeneración del proceso decisorio de compras en los consumidores. No necesariamente todos están reemplazando primeras marcas por segundas o terceras: en muchos casos -cuando puedenla gente gasta un poco más para conservar una determinada marca (por las razones que fueren).»
CCR también detectó que los cinco productos cuyas ventas cayeron más durante febrero de 2002 en relación con el mismo mes de 2001 fueron los jugos líquidos refrigerados (64%), jugos líquidos no refrigerados (46,4%), empanadas de pollo (44%), pescados congelados (43,9%) y helados (41,7%).
• Crecimiento
En sentido inverso, los que más crecieron respecto de febrero del año pasado fueron leche en polvo (33%), manteca (28%), té (23%), dulce de leche (23,1%) y fideos secos (19,3%). La explicación, según Olivetto, es que «la gente está haciendo lo que se llama la compra básica, dejando de lado 'suntuarios' como jugos y helados, y destinando sus pesos a artículos realmente de primera necesidad».
Sin embargo, insiste, no implica la desaparición de las marcas o que los consumidores se vuelquen en forma ma-siva a las segundas o terceras marcas. «Hay segundas marcas que están convirtiéndose en primeras: la gente necesita las marcas, les dan seguridad», afirma.
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