El real cumple 10 años y Lula busca fortalecerlo
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Cardoso recogió el crédito político de esa operación: fue elegido presidente en 1994 y reelegido en 1998.
El plan real resistió varias crisis financieras internacionales (México en 1994, Asia en 1997, Rusia en 1998, la Argentina en 2001) y las dudas iniciales de los mercados por la candidatura de Lula (2002).
Los autores del plan real admiten errores, como el de haber contenido la moneda dentro de rígidas bandas de fluctuación hasta 1999. La sobrevaluación del real amenazó en 1999 con restablecer la inestabilidad y el real sufrió una fuerte devaluación, con consecuencias muy duras en la Argentina y para el equilibrio comercial dentro del Mercosur.
En la actualidad, Lula y su principal arquitecto económico, el ministro de Hacienda,
Antonio Palocci, tratan de sanar los problemas dejados por el programa, en especial la falta de crecimiento (en los últimos diez años fue de 2,4 por ciento anual promedio, estimado insuficiente para el desarrollo de Brasil) y la vulnerabilidad externa del país. Para superar la primera carencia, Lula lleva adelante audaces reformas macroeconómicas (previsional para reducir el déficit del sector; tributaria para modernizar y simplificar la estructura impositiva; ley de quiebras para facilitar a las empresas el cobro de deudas; etcétera) y favorece las inversiones, tanto externas como locales. Para lo segundo, adoptó una austera política económica y busca mejorar el perfil del abultado endeudamiento del país.
• Incremento
Sobre todo debido a las altas tasas de interés impuestas por la lucha antiinflacionaria, la deuda pública brasileña pasó de 30 por ciento a 57 por ciento del PBI.
Winston Fritsch, ex secretario de Política Económica y hombre que ayudó a concebir el plan real, dijo que el país «necesita avanzar con reformas para no volver a sufrir el síndrome del 'vuelo de gallina'», en referencia a los ciclos cortos de crecimiento y estancamiento que la economía de Brasil ha experimentado en los últimos años. La reforma más importante, a juicio del economista, es la del mercado de capitales para avanzar en la creación de instrumentos de ahorro interno que permitan financiar un nuevo ciclo de inversiones, ya que la llegada de recursos directos desde el exterior ha declinado en los últimos años.
Sin esas reformas, y sin una reducción de la carga tributaria (que alcanza hoy a 37 por ciento del PBI), Brasil «no tiene condiciones para crecer a tasas de 5 por ciento como sería necesario para reducir el desempleo», indicó por su parte el ex presidente del Banco Central Ibrahim Eris.



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