1 de julio 2004 - 00:00

El real cumple 10 años y Lula busca fortalecerlo

Brasilia (Reuters, EFE, AFP, DPA, ASN) --Brasil recuerda hoy el décimo aniversario de la aplicación del plan real, que logró estabilizar la economía pero, por la ausencia de reformas estructurales, no logró asegurar un crecimiento sostenido al país, algo que intenta corregir ahora el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.

Lanzado por el entonces ministro de Hacienda, Fernando Henrique Cardoso, el plan real parecía al principio una tentativa más de las múltiples que la habían precedido y que habían terminado con un estrepitoso fracaso. Se intentó de todo: congelamiento de precios y salarios (plan cruzado de 1986), de salarios (cruzado 2, en noviembre de ese año), de precios (1987), nueva moneda (cruzado vovo, 1989) y hasta confiscación de depósitos bancarios (por el presidente Fernando Collor de Mello, en 1990). Pero nada conseguía detener las enloquecidas remarcaciones de precios.Así, la inflación saltó en 1988 a 1.037,56 por ciento, en 1990 llegó a 1.476,71 por ciento y en 1993 se acercó a 4.000 por ciento.

Todo eso en medio de los espasmos de una gravísima crisis política, que condujo al juicio político de Collor en 1992, sustituido por su vice Itamar Franco, quien entregó a Cardoso el dudoso privilegio de conducir la economía.

El sociólogo, exiliado durante el régimen militar (1964-85), abandonó sus antiguas posturas socialistas y creó en febrero de 1994 una denominada Unidad Real de Valor (URV), unidad de referencia virtual que se transformó en «real» el 1 de julio.

• Resultados

La experiencia salió bien. El congelamiento de los rendimientos financieros y el control indirecto del tipo de cambio mediante altas tasas de interés dieron los resultados esperados. La inflación cayó de 2.075 por ciento en 1994 a 66,01 por ciento en 1995, 15,76 por ciento en 1996 y empezó a ser de un solo dígito a partir de 1997 (con excepción de 2002, cuando alcanzó a 12,53 por ciento).

Cardoso recogió el crédito político de esa operación: fue elegido presidente en 1994 y reelegido en 1998.

El plan real resistió varias crisis financieras internacionales (México en 1994, Asia en 1997, Rusia en 1998, la Argentina en 2001) y las dudas iniciales de los mercados por la candidatura de Lula (2002).

Los autores del plan real admiten errores, como el de haber contenido la moneda dentro de rígidas bandas de fluctuación hasta 1999.
La sobrevaluación del real amenazó en 1999 con restablecer la inestabilidad y el real sufrió una fuerte devaluación, con consecuencias muy duras en la Argentina y para el equilibrio comercial dentro del Mercosur.

En la actualidad, Lula y su principal arquitecto económico, el ministro de Hacienda,

Antonio Palocci
, tratan de sanar los problemas dejados por el programa, en especial la falta de crecimiento (en los últimos diez años fue de 2,4 por ciento anual promedio, estimado insuficiente para el desarrollo de Brasil) y la vulnerabilidad externa del país. Para superar la primera carencia, Lula lleva adelante audaces reformas macroeconómicas (previsional para reducir el déficit del sector; tributaria para modernizar y simplificar la estructura impositiva; ley de quiebras para facilitar a las empresas el cobro de deudas; etcétera) y favorece las inversiones, tanto externas como locales. Para lo segundo, adoptó una austera política económica y busca mejorar el perfil del abultado endeudamiento del país.

• Incremento

Sobre todo debido a las altas tasas de interés impuestas por la lucha antiinflacionaria, la deuda pública brasileña pasó de 30 por ciento a 57 por ciento del PBI.

Winston Fritsch
, ex secretario de Política Económica y hombre que ayudó a concebir el plan real, dijo que el país «necesita avanzar con reformas para no volver a sufrir el síndrome del 'vuelo de gallina'», en referencia a los ciclos cortos de crecimiento y estancamiento que la economía de Brasil ha experimentado en los últimos años. La reforma más importante, a juicio del economista, es la del mercado de capitales para avanzar en la creación de instrumentos de ahorro interno que permitan financiar un nuevo ciclo de inversiones, ya que la llegada de recursos directos desde el exterior ha declinado en los últimos años.

Sin esas reformas, y sin una reducción de la carga tributaria (que alcanza hoy a 37 por ciento del PBI), Brasil «no tiene condiciones para crecer a tasas de 5 por ciento como sería necesario para reducir el desempleo», indicó por su parte el ex presidente del Banco Central
Ibrahim Eris.

Dejá tu comentario

Te puede interesar