Por Noelia Torres *.- Durante el transcurso de la semana pasada, se publicaron diversos datos en relación al mercado de trabajo argentino. La tasa de actividad se ubicó en 45%, la de empleo en 41,8%, la de desocupación en 7,1% y la de subocupación en 8,1%. Cabe aclarar que, por motivos estacionales, estas tasas se comparan interanualmente. Es decir, que los guarismos no se confrontan con los del trimestre anterior, sino con el mismo trimestre del año pasado.
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Hace un año, la tasa de actividad se ubicaba en 45,8%, la de empleo en 42,2%, la de desocupación en 7,9% y la de subocupación en 7,5%. En otras palabras, la desocupación tuvo una baja interanual, en parte debido a la caída de la tasa de actividad. Resulta muy simplista, entonces, declarar -como se ha hecho- que la baja en la tasa de actividad se debió a una destrucción de puestos de trabajo. Si analizamos la tasa de empleo en los últimos cuatro años, ésta se mantuvo cercana al 42%. Por lo tanto, estamos ante valores estables.
Por esto, es necesario analizar más profundamente otros indicadores del mercado laboral. Si analizamos la evolución del porcentaje de los despidos, la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) señala que, en el primer trimestre de 2014, el porcentaje de despidos en relación al empleo total alcanzó el 0,7% (es decir que no llegó a haber un desempleado cada 100 empleados en el sector privado).
Este valor es igual al observado en el primer trimestre de 2013, pero menor al del primer trimestre de 2012 (había un despido cada 100 empleados). A su vez, la encuesta demuestra que en el Gran Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe se incrementaron los puestos de trabajo en promedio un 1,57%.
Si analizamos los resultados de la encuesta por rama de actividad, éstos enfatizan que en todos los sectores se produjo una expansión de los puestos de trabajo, que promedia un 0,2%. Cabe aclarar, que el único sector que tuvo una variación negativa del empleo fue de la Construcción (-6,3%) debido a los problemas que este sector tiene cada vez que hay movimientos especulativos contra el peso.
En relación a la evolución del empleo según el tamaño de las firmas, las grandes empresas (es decir las de más de 200 empleados) aumentaron el empleo en 1,3%. Un dato no menor es que es el tercer trimestre consecutivo que se registra el crecimiento del empleo en este tipo de empresas.
Por último, si desagregamos la evolución del empleo según la calificación de la tarea, la encuesta refleja que todos los niveles de calificación laboral vieron un aumento del empleo que promedia un 0,6%, siendo las posiciones técnicas las que más aumentaron (1,2%).
Una variable extra a tener en cuenta es el nivel de expectativas de las empresas sobre la evolución del empleo en el corto plazo. En la actualidad, un 62% de las empresas espera aumentar la cantidad de trabajadores. Si bien estas expectativas son menos favorables respecto al mismo periodo del año pasado, son superiores a las que se observaban en el año 2009 (54%), el momento más grave de la crisis internacional.
Hasta ahora, analizamos la oferta laboral, es decir cómo evolucionó el empleo por el lado de las empresas. Si analizamos la demanda laboral (o sea, desde el lado de los trabajadores), en la primer parte del año, el 29% de las empresas llevó a cabo búsquedas de personal. A su vez, la gran mayoría de las empresas logró cubrir la totalidad de los puestos requeridos.
En conclusión, los resultados de la encuesta indican que el empleo está evolucionando de manera lenta pero favorable, acorde a los movimientos de la macroeconomía. Estos resultados son esperables, ya que existe una relación entre la tasa de crecimiento del PBI y la de empleo. Dicho de otra forma, cuando la economía tiene una alta tasa de crecimiento, generalmente se ve una fuerte caída del desempleo. Del mismo modo, cuando la economía crece a tasas menores, el desempleo cae pero más lentamente.
Si bien existe un núcleo duro de desempleo que queda por bajar, ya son siete años consecutivos de desempleo con un solo dígito, valores que no se tocaban desde 1994.
Hoy por hoy, el desafío es reducir el desempleo en los jóvenes y bajar los niveles de informalidad que se encuentran estancados en un nivel cercano al 33%. Es por este motivo que la Cámara de Diputados aprobó la ley que apunta a fomentar el trabajo registrado.
Tanto el Plan Progresar como la reciente normativa se entienden en un esquema planificado que considera al trabajo como un factor de producción fundamental debido a los efectos expansivos que tiene en todos los aspectos de la economía del país.
Noelia Torres * Economista integrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)
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