La primera frase del indio, ante los platos con sándwiches de miga y pequeñas empanaditas de hojaldre, fue comprensiva para los recaudadores argentinos. Con el inseparable traductor a su derecha dijo: Como viene ocurriendo en cada una de las reparticiones oficiales por las que circuló Singh, impresionó por cierta sencillez en el trato, pero más por la implacable memoria sobre las promesas de gobiernos pasados y los números concretos de las cuentas fiscales del país. En el primer capítulo, Abad tuvo que dedicar varios minutos para aclarar dos de las principales quejas de Singh.
Inmediatamente pasó al segundo tema que le molestaba. El enviado del Fondo desempolvó los ya caducos
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