Faltan estímulos para alternativas
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El verdadero boom se produjo en los últimos años, de la mano de la suba del precio del petróleo (que, según analistas, vino para quedarse, con algunos hablando de valores de hasta 100 dólares por barril en un futuro cercano) y de una innovación de las automotrices locales: los motores «flex», capaces de funcionar tanto a nafta como a alcohol o a una mezcla en cualquier proporción de ambos.
Para llegar al éxito, Brasil debió subsidiar ampliamente al sector de los biocombustibles -cuya producción es, en principio, más cara que la de los combustibles fósiles-, estimándose que el costo fiscal desde 1975 llegó a 40 mil millones de dólares. Los expertos de ese país aseguran que esa inversión ha sido recuperada y que ya se han comenzado a recoger los frutos del esfuerzo. Veamos:
• Brasil ya no subsidia la actividad.
• El alcohol redujo en un tercio el consumo de naftas.
• El sector ha generado 350 industrias, emplea a 1 millón de personas de manera directa o indirecta y ha hecho rentable al complejo azucarero.
• Brasil exportó en 2004 alcohol de caña de azúcar por 2 mil millones de dólares, tres veces más que en 2003.
• La situación ambiental mejoró sensiblemente debido a que los biocombustibles son mucho menos contaminantes.
Según Molina, «es muy triste conocer que la Argentina tuvo una oportunidad similar a la de Brasil con la implementación del Plan Alconafta en la década del '70 y mediados de la del '80, al que llegaron a adherir doce provincias, pero que terminó abruptamente. Los enormes conocimientos en el tema etanol desarrollados a lo largo de varias décadas fueron una muy buena base del desarrollo brasileño. Ojalá no perdamos nuevamente el tren de la historia».
• Proyecto
¿Qué pasa mientras tanto en laArgentina? Molina reseña que «actualmente se está tratando en la Cámara de Diputados un proyecto de ley nacional de biocombustibles presentado el año pasado por el senador Luis Alberto Falcó y otros cuarenta y nueve senadores más, integrantes de todas las provincias y bloques parlamentarios. Este proyecto obtuvo media sanción en diciembre del año pasado y luego fue remitido a la Cámara baja».
«En Diputados debían tratarlo seis comisiones: Energía, Agricultura, Industria, Ciencia y Tecnología, Defensa del Consumidor, y Presupuesto y Hacienda. Las cinco primeras avalaron el texto aprobado por el Senado, pero, lamentablemente, la última ha trabado el proyecto, ya que lo mantiene desde hace más de tres meses en su esfera sin emitir dictamen.»
Como en el caso brasileño, el proyecto argentino establece una serie de incentivos, entre ellos estabilidad fiscal por 15 años, exenciones fiscales y la mezcla obligatoria de la nafta y el gasoil con 5% de biocombustibles a partir del cuarto año de vigencia de la norma. Justamente el tema de las desgravaciones, puntualmente la provisión de que los biocombustibles no paguen impuestos al consumo, motivó el descontento del ministro Roberto Lavagna, complicando el tratamiento de un tema al que el presidente, Néstor Kirchner, pidió que se le dé prioridad.
Molina explica que « actualmente los biocombustibles tienen un precio más elevado que los combustibles fósiles. Así, si se impone la incorporación de los primeros a los segundos, y si se respetan los márgenes de operación de las compañías petroleras y las estaciones de servicio, el Estado debe suavizar esa diferencia estableciendo incentivos fiscales muy fuertes para evitar un aumento de los precios en el surtidor». Igual camino han seguido con éxito Brasil y Estados Unidos, dicen los especialistas.
Ahora bien, ¿qué impacto económico tendría el desarrollo de los biocombustibles para el país? Más allá de constituir una buena salida para el agotamiento de los yacimientos de combustibles minerales, ayudarán decisivamente al crecimiento generando un nuevo sector económico.
Para continuar, hay que establecer una aclaración: los biocombustibles son de tres tipos: el biodiésel, el bioetanol y el biogás. «El primero se produce a partir de aceites vegetales o grasas animales; el segundo es alcohol etílico anhidro, obtenido a partir de caña de azúcar, cereales o biomasa; el tercero es gas metano que se obtiene a partir de la fermentación anaeróbica de residuos orgánicos», explica Claudio Molina. Según este especialista, una buena alternativa para la Argentina sería producir bioetanol a partir de maíz, «por su aporte de materia orgánica al suelo». Además, dice, eso « ampliaría los usos locales de ese cultivo, establecería para él un nuevo piso de precio y crearía nuevas alternativas para hacerlo más competitivo». También, se podría agregar, liberaría al país del peligro del monocultivo al que lo sometió el boom sojero. Por último, sigue Molina, «el impacto directo e indirecto en el empleo se ubicaría por encima de los 35 mil puestos de trabajo».




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