El gesto simpático de plantar árboles como símbolo de compromiso ambiental se transformó
en un problema para los poco expertos líderes mundiales.
Toyako (EFE, AFP, Reuters, ANSA, DPA) - La cumbre del Grupo de los Ocho (los siete países más industrializados más Rusia) reclamó ayer esfuerzos para enfriar los precios récord del petróleo y los alimentos, tras advertir que su alza imparable plantea un «serio desafío» al crecimiento económico mundial.
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El G-8 (integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia) dijo que está dispuesto a adoptar medidas para proteger el crecimiento mundial de los elevados costos de la energía, pero no anunció ninguna medida concreta en el segundo día de su cumbre en Japón.
Los precios récord del petróleo y los alimentos suponen un «serio desafío a la estabilidad del crecimiento mundial» y «aumentan la presión inflacionaria en el mundo», concluyeron los líderes del Grupo de los Ocho (G-8), reunidos desde el lunes en Toyako, en las montañas del norte nipón. Los líderes dijeron, sólo declarativamente, que tomarán «las medidas apropiadas (...) de manera individual y colectiva, para asegurar el crecimiento y la estabilidad en nuestras economías y a nivel mundial».
Los crecientes precios de los alimentos empujarán a unos 100 millones de personas por debajo del umbral de pobreza, estima el Banco Mundial, y desataron protestas, algunas violentas, en parte del mundo en desarrollo.
El G-8 estimó, asimismo, que es «imperativo eliminar las restricciones a la exportación» que perjudican las compras humanitarias de comida. Algunos países en desarrollo restringieron las exportaciones de alimentos con el fin declarado de asegurar la subsistencia de sus propias poblaciones, entre ellos la Argentina.
Mercado
«También llamamos a los países con suficientes reservas de alimentos a liberarlas como parte de su superávit para países que lo necesitan, en tiempos de precios significativamente elevados y de una manera que no distorsione el comercio», añadieron. Japón ya liberó parte de sus stocks de arroz a países que sufren de escasez del grano.
En momentos en que el barril de crudo se cotiza a unos 142 dólares, más del doble que hace un año, el G-8 llamó a los países productores a «aumentar a corto plazo» la capacidad de producción y refinación, así como a invertir más en la exploración, la producción y la refinación a mediano plazo. El precio del petróleo alcanzó un récord histórico a más de 146 dólares por barril la semana pasada.
Mientras tanto, los líderes de Brasil, México, China, India y Sudáfrica, nucleados en el G-5, se reunieron en Sapporo, a 150 km de Toyako, y pidieron a sus colegas del G-8 -con quienes se reunirán hoy para debatir la lucha contra el cambio climático- intervenir para frenar la crisis alimentaria.
«Es necesaria la intervención de la comunidad internacional para desarrollar con urgencia mecanismos útiles para hacer frente al alza de los precios», apuntó el presidente de México, Felipe Calderón.
Factores
Los expertos atribuyen la disparada a varios factores, entre ellos los crecientes precios del petróleo, una mayor producción de biocombustibles, una mejor alimentación en los países emergentes y la inversión masiva en los mercados de materias primas en momentos de inestabilidad en las Bolsas.
«Los hechos son claros: las políticas de biocombustibles del G-8 son 75% del problema, pero los líderes apenas lo mencionan y siguen quemando comida en sus coches», dijo Jeremy Hobbs, director ejecutivo de la ONG Oxfam International.
Brasil, segundo productor mundial de etanol, que fabrica a partir de caña de azúcar, niega tajantemente que su producción influya en la disparada de los precios de los alimentos.
Por su parte, los responsables de tres agencias de Naciones Unidas en Roma pidieron al G-8 que ayude «a alimentar a la población mundial contribuyendo a una nueva revolución verde, a través de un fuerte aumento de la financiación pública para el desarrollo agrícola».
En un comunicado conjunto emitido en Roma, la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) señalaron que una de las principales causas de la crisis alimentaria mundial fue la fuerte caída de las inversiones agrícolas en las últimas tres décadas.
«La cumbre del G-8 en Japón puede servir para dar un empujón decisivo a la lucha contra el hambre y la pobreza al invertir la tendencia y dirigir un porcentaje mucho mayor de la ayuda al desarrollo al sector rural y agrícola», se indicó en la nota, firmada por el director general de la FAO, Jacques Diouf; el presidente del FIDA, Lennart Bage, y la directora ejecutiva del PMA, Josette Sheeran.
«Al atraer inversiones públicas y privadas, esta decisión conseguiría acelerar la estrategia contra el hambre contenida en la Declaración adoptada por 180 países y la Comunidad Europea en la Cumbre sobre la Seguridad Alimentaria de junio de 2008», dijeron los organismos de la ONU.
El texto dice que los países pobres perdieron la capacidad de alimentarse a sí mismos «tras décadas de importaciones baratas de alimentos y tras haberse triplicado los desastres naturales».
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