26 de marzo 2002 - 00:00

Fracasó estrategia de dividir la plaza

El dólar ayer cerró a 3,65 pesos. Subió 17,7% frente a cierre del viernes y, en lo que va del mes, acumula una suba de 65,91%. La devaluación del peso en las últimas tres semanas alcanza ya a 39,74%. Queda claro que el Banco Central no logra detener la escalada del billete estadounidense.

Un experimentado cambista explicaba ayer a este diario el porqué del frenesí que se vivió en la plaza cambiaria: «El Central se volvió a equivocar. Desdobló el mercado de cambios potenciando la suba del dólar. Porque les vende dólares a un grupo de bancos para que los venda al público, y el resto de los bancos y las casas de cambio tienen que ir a comprar al mercado mayorista».

Ayer, en el segmento mayorista, el dólar se negociaba firme cerca de los 4 pesos. Había un volumen de negocios importante. A estos valores compraban las casas de cambio, y por ello, las pizarras mostraron cómo el dólar trepaba a un valor considerado, hasta hace poco, de ficción.

Pero lo cierto fue que la normativa del Central colaboró para que ayer la plaza cambiaria reflejara escenas de corridas.

El microcentro porteño vivió una jornada tensa y colmada de público, que formó filas desde las primeras horas de la madrugada para comprar dólares.

Desde muy temprano, la gente se apostó en la casa matriz del Banco Nación, del Provincia y del Ciudad, a la espera de la entrega de los números para poder ingresar en la entidad.

El Nación entregó unos 300 números, para acceder a comprar hasta 300 dólares por persona. Hubo escenas violentas en el Nación, cuando la entidad se aprestaba a cerrar las puertas. Hubo gente que pretendió ingresar por las cocheras de la calle Balcarce generando un episodio confuso con la guardia.

Resultó llamativo el diplomático accionar del Banco do Brasil, que no sólo fue la primera entidad en colocar precio ayer en la apertura, sino que, además, lo mantuvo siempre por debajo de los promedios del mercado.
Mientras el dólar se negociaba a 3,50 pesos, en el banco brasileño se vendía a 2,90 pesos. Al cierre lo dejó en 3,10 pesos y, en las casas de cambio, cotizaba a 3,65 pesos. Sin embargo, la buena predisposición del Banco do Brasil no calmó la ansiedad de la gente que esperaba afuera para ingresar. Cuando cerraron las puertas, la ira de los ahorristas hizo eclosión en las puertas y ventanales de la entidad ante el temor de los empleados.

Lo vivido ayer hizo recordar los prolegómenos de fines de los ochenta, cuando el temor de la hiperinflación llevaba a la gente a cubrirse ahorrando dólares.

Pero también en varias casas de cambio hubo escenas de violencia. En una de ellas, el dueño se vio obligado a salir a la vereda para calmar los ánimos cuando bajaron la persiana y dejaron afuera a decenas de ahorristas (varios de ellos alcanzaron a ingresar por debajo).
En dicha casa de cambios, se pagaba antes del cierre hasta 3,55 pesos por cada dólar que la gente quisiera vender. Lo cual convalidaba precios de compra cercanos a los 4 pesos.

La histeria fue una buena fuente de negocios y ganancias para los eternos «arbolitos» que ayer poblaron las cuatro calles clave del microcentro. También se intensificó la práctica de hacer fila y vender el número o el lugar para ingresar en la entidad o casa de cambio. Ayer se llegó a pagar hasta 45 pesos por un número para entrar en el Nación.

En el mercado mayorista, la operación más importante fue pactada a 3,10 pesos por un monto de 50 millones de dólares, sobre un total negociado de 300 millones.

En el doble mercado, algunos bancos y casas de cambio ofrecieron billetes «por cuenta y orden» del Central vendiendo hasta 1.000 dólares por persona y 10.000 para las empresas; y otras entidades operaron sin ninguna restricción.
La cotización comenzó en 2,90 pesos para la venta y terminó a 3,10.

Alfredo Piano
, titular de Banco Piano, se quejó por «las idas y venidas de las circulares del Central» y agregó que «todo lo que sea restringir la compra o la venta de divisas o de cualquier otra mercadería trae como consecuencia la escasez del producto y un aumento en el interés de la gente». «El precio del dólar se disparó precisamente por la escasez de los billetes, porque el Central dejó de entregar», sostuvo el empresario.

El Banco Central obligó a las casas de cambio a operar de 11.30 a 15, mientras que los bancos tuvieron sus puertas abiertas en sus horarios habituales, por lo que algunas sucursales cerraron a las 16 o las 17.

Las últimas cotizaciones en los bancos, a 3,10 pesos para la venta, aumentaron con respecto a la apertura en torno a los 2,90 pesos, pero quedaron sin mayores modificaciones con respecto a las que se pactaron en las casas de cambio el viernes pasado.

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