5 de febrero 2001 - 00:00

Giavarini y Powell por Cuba, Colombia y ALCA

James Walsh está haciendo todos los esfuerzos para conservar su cargo en la Argentina. Hace bien porque John Maisto, el nuevo encargado del área latinoamericana del National Security Council, no lo quiere. Por eso el embajador de los Estados Unidos se esmeró especialmente con la información que le solicitó su nuevo jefe, Colin Powell: «Adalberto Rodríguez Giavarini realizó estudios en West Point, entrenamientos en Colorado Springs y, además, un curso de paracaidista con veteranos de la US Army en la Guerra de Corea», informó Walsh.

La entrevista que mantendrá hoy, en Washington, con el nuevo secretario de Estado de los Estados Unidos comenzará con una referencia a esos antecedentes: más que reconocerlo como diplomático, Powell querrá saludar a Giavarini como colega castrense. Ambos son oficiales de ejército en situación de retiro, los únicos que desde esa profesión accedieron al manejo de la política exterior de sus países. Inauguran así la categoría de «mili-diplomáticos».

Preparativos

El titular del Palacio San Martín preparó ayer el encuentro de hoy con su grupo inmediato de colaboradores: el embajador en Washington, Guillermo González; el subsecretario de Política Exterior, Horacio Basabe, y el ministro Ricardo Lagorio.

Durante esa reunión se repasaron las principales cuestiones de la agenda, es decir, la postura que adoptará el canciller ante los temas que inquietan a Powell:

El primer punto de la conversación estará referido, casi seguramente, a cuestiones de seguridad hemisférica. Más concretamente, a las perspectivas que ofrecen Colombia y Venezuela. En este último caso, el intercambio será meramente informativo: todavía no se sabe la evolución de la sorda crisis militar que obligó allí a Hugo Chávez a nombrar a José Vicente Rangel, hasta ahora su canciller, como ministro de Defensa.

La postura argentina en torno a la peripecia colombiana parece más sedimentada: Giavarini hará gala de todo lo que el país viene colaborando con el gobierno de Andrés Pastrana en sus esfuerzos por llegar a un acuerdo con la guerrilla (el jueves se producirá el encuentro con el jefe insurgente «Tirofijo»). En otras palabras, el canciller dejará claro que la Argentina sólo participaría más activamente a pedido de las autoridades del país, algo importante de aclarar cuando se multiplican las versiones sobre la pretensión de Powell de formar alguna fuerza regional de intervención. Giavarini llegará al encuentro con la mejor información: anoche comió con César Gaviria, el colombiano secretario general de la OEA.

Para no hablar específicamente de Cuba, el secretario de Estado y su huésped se referirán a «la agenda de los derechos humanos en el hemisferio». La polémica con Fidel Castro, este fin de semana, modificó el enfoque que el Palacio San Martín adoptó frente a la cuestión. Indignado con las declaraciones de Castro, el canciller se comunicó con Fernando de la Rúa para convenir una respuesta firme: «El país no tiene todavía definida su postura, por lo cual mal podríamos adelantar cuál será nuestro voto», dijo a la prensa más tarde. Ante Powell se tendrá que cuidar de ir más allá. Pero nadie duda de que, a la larga, la Argentina mantendrá una tesis ya adoptada: votar la censura contra la política de derechos humanos del régimen cubano pero también insistir en la necesidad de que se levante el bloqueo de los Estados Unidos, tal como se deja trascender cerca de Susana Ruiz Cerrutti, la secretaria de Política Exterior. De todos modos, se notará la tirria hacia Castro que ganó a Giavarini.

Sólo una presencia

Tanto que un despistado quiso saber ayer si el canciller asistirá a la apertura de la «embajada Cuba Libre» con que el exilio cubano agasajará a George W. Bush. «A esa ceremonia sólo va a ir un argentino, que es el 'Tata' Yofre y nosotros no tenemos nada que ver ni con esa persona ni con esa política; no confunda», se indignó un allegado, que acababa de hablar con él por teléfono, desde Buenos Aires.

El ministro sondeará también a Powell sobre la pretensión de la nueva administración de los Estados Unidos de acelerar las negociaciones por el ALCA. Ya advirtió, para serenar los ánimos en Brasil, que sólo se adoptará una estrategia de bloque, es decir, relativa al Mercosur.

Debe recordarse que Celso Lafer, el nuevo titular de Itamaraty, ya adelantó que los brasileños no aceptarán adelantar la fecha, fijada para 2005, a 2003. Giavarini querrá, seguramente, discutir ese punto con Lafer en su próxima entrevista del 12.

Ese día informará a su colega sobre la principal incógnita que lleva hoy a la reunión: si el gobierno de Bush está dispuesto a flexibilizar su proteccionismo -y definir ahora políticamente en qué áreas-a cambio de que se abrevie el calendario.

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