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Sin embargo, comienza a dar la impresión de que, a pesar de seguir con sus mañas (cuando un congresista le preguntó por qué esta vez el desempleo iba a caer y la economía a crecer cuando hace dos años que viene errando con sus predicciones, se puso a hablar de la productividad de las empresas), el banquero está en camino de convertirse en el enemigo público número uno de los inversores. Especialmente, luego de reducir su proyección del crecimiento norteamericano para este año en ¾ de punto y advertir que puede haber problemas serios con el gasto. Pocos minutos después de que terminara su alocución, lo que había sido una mejora de 0,66% para las blue chips y 0,96% para los papeles tecnológicos se convirtió en una verdadera baja. Cuando sonaba la campana del NYSE, el Promedio Industrial quedaba en 9.128,97 puntos, retrocediendo 0,52% mientras el NASDAQ perdía 0,09%. Tan pesados estaban los humores luego del cierre, que muchos dudaban de que el anuncio que los números de Intel habían superado las proyecciones sería capaz de catapultar una suba para hoy. Pero no fue tanto en el ámbito bursátil donde pegó duro la falta de optimismo de Greenspan, sino en el de bonos. Allí la tasa de los treasuries a 10 años sufrió la mayor suba desde diciembre del año pasado al cerrar en 3,9%, tocando un nivel que no veíamos hace dos meses y medio. Cuidado. Informate más
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