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El ministro de Economía, Martín Guzmán, estimó ayer que el impuesto del 30% a la compra de moneda extranjera no tendrá un efecto inflacionario. El funcionario realizó estas declaraciones al presentar el proyecto de Ley de Solidaridad y Reactivación Productiva, en el cual anticipó que el 70% del tributo estaría destinado a los programas de seguridad social, mientras que el 30% irá a obras de infraestructura y vivienda. Guzmán explicó su razonamiento, al señalar que los importadores tendrán la posibilidad de seguir comprando bienes al valor del tipo de cambio oficial, es decir, sin pagar el impuesto, por lo que “no debería haber efectos en los precios del sistema productivo”.
La idea detrás de este argumento es que los importadores comprarán bienes al valor del tipo de cambio oficial, de modo que utilizarán estos valores para fijar los precios de sus mercancías. En principio, no debería haber mayores problemas para que esto ocurra, dado que, en general, los precios de los bienes transables suelen estar atados al valor del dólar, mientras que los de los no transables suelen depender de las condiciones domésticas. El problema es que en la Argentina, los agentes de la economía suelen tener bastante presente el valor de la moneda estadounidense debido a la falta de confianza en el peso, producto de una historia de fuertes devaluaciones y de elevada inflación. Entonces, el impuesto podría tener ciertos efectos sobre el nivel general de precios. Otro problema podría estar relacionado con el dólar blue, ya que, si el segmento informal empieza a operar con un mayor volumen, y los agentes comienzan a formar expectativas sobre la base del valor del billete paralelo, éste debería comenzar a incidir sobre los precios. Así que la evolución de este fenómeno dependerá de la efectividad que tenga el oficialismo para coordinar el programa económico que está queriendo impulsar.
Uno de los puntos a tener en cuenta con respecto al proyecto es que también estarán exceptuados de pagar el tributo los organismos de la Administración Nacional, conformada por la Administración Central y Organismos Descentralizados, comprendiendo a las Instituciones de Seguridad Social. Lo mismo ocurrirá con “los gastos referidos a prestaciones de salud, compra de medicamentos, adquisición de libros en cualquier formato y utilización de plataformas educativas” y con los “gastos asociados a proyectos de investigación efectuados por investigadores que se desempeñan” en el sector público.
Con esto, el mercado financiero argentino estará compuesto por al menos seis tipos de dólar. Los primeros dos son los más conocidos: el dólar minorista, que hace referencia a la cotización en bancos y casas de cambio autorizados a operar en el Mercado Único Libre de Cambios, y el mayorista, que es el valor del dólar que el Banco Central cobra a los bancos, empresas o para el comercio exterior. Luego, se encuentra la nueva estrella del oficialismo: el dólar PAÍS, que está relacionado con los tipos de cambio ya mencionados, pero con un plus del 30% producto del impuesto anunciado por el Gobierno. Los otros tipos de dólar, que han cobrado una mayor importancia desde la aplicación de los cepos son el blue, que se vende por fuera de los segmentos oficiales, el “contado con liqui”, que se genera a partir de la compra de bonos o acciones en el mercado local en pesos y su venta en el exterior en dólares y el Bolsa / MEP, en donde se compra un título en pesos y se lo vende en su denominación en dólares.
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