Hace un año, al asumir, el presidente Kirchner recibió dos grandes problemas económicos, por tanto, heredados. Los demás se los creó él. Subsidios a trenes para competir con el transporte automotor privado, al boleto de tren, a los peajes, al gas, al encarar obra pública sin licitaciones -caso gasoducto de Techint-, maltrato a empresarios internos y externos, pago de $ 200 en promedio a la administración pública nacional que desquició a provincias y municipios donde esos $ 200 pueden representar 40% de aumento contra una inflación, este año, quizá de 7% y, finalmente, no impedir que siga creciendo el gasto público como viene haciéndose desde la década del '90, con el menemismo. Esto lo llevó a no reducir impuestos distorsivos -el del cheque, por ejemplo, que le facilitaría recomponer el sistema financiero o el congelamiento de la Ley de Contratos de Trabajo, creando una desocupación falseada por la doble indemnización que está agobiando a muchas empresas en sus costos-.
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Sin pretender enumerarlos todos, resulta que frente a los problemas que se creó, más los dos problemas económicos heredados -desinversión en el sector energético, que arranca en 1997, y default de la deuda, que se inicia a fines de 2001 con Rodríguez Saá y Duhalde-, tuvo el gobierno de Kirchner un golpe de suerte excepcional: holgado afluir de dólares de exportación que llenó de bonanza al Presupuesto nacional (tentó eso más incremento en el gasto público) recibiendo abundante dinero por retenciones, recuperación del PBI por rebote desde el suelo. La exportación agropecuaria se comportó como hace añares no ocurría mostrando un país quizá como hasta el año 1930, pero en aquella época gobernado sin demagogias y sin política industrial de «sustitución de importaciones» que engendró ineficiencias y déficits presupuestarios por subsidios y casi nula exportación.
Con este panorama económico de su primer año, ¿qué pasa ahora cuando la soja cayó 16% en precio en apenas 11 días? Es grave la baja del ingreso de un Estado gastador por la bonanza externa como el de Néstor Kirchner. Además, EE.UU. sube las tasas. No hay muchos capitales golondrina aquí desde el momento en que hay que anotar operaciones de entrada y salida (y no estuvo mal esto si se mira la situación actual cuando, sin esos controles por el Banco Central, un movimiento de salida brusca de capitales afectaría la situación financiera y cambiaria). Pero la Argentina está demasiado dependiente de Brasil (destino de 20% de sus exportaciones). Y Brasil será afectado en salida de capitales, como casi todas las naciones emergentes. Por tanto, terminará afectando a la Argentina. Tendrá que devaluar el real; y la Argentina, su peso o perderá exportaciones y se verá invadida de productos brasileños que ya hace meses lograron superávit comercial y así lo incrementarían.
Pero nuestro peso no está para devaluarse más. Está ya barato en la paridad con el dólar. Si se abarata más, se encarece la producción y retrae ventas en muchos rubros y se vuelve a deteriorar la actualización en máquinas y tecnología, ya bastante deteriorada desde 2001 hasta la fecha.
La consecuencia de todo este panorama es que el gobierno Kirchner va a tener que manejar bien y con hombres inteligentes -no tiene muchos por tan cerrado- la economía desde el Estado. ¿Habrá aprendido en este primer año de gestión? ¿Habrá disminuido la soberbia del gobierno que se adjudicaba méritos en realidad basados en la algarada desde el sector externo? ¿Seguirá el Presidente con la adolescencia de bravuconar con declaraciones hirientes? ¿Sabrá que el aumento de precios unilateral de Esso y Shell fue porque saben que si hay represalia también la habrá contra la Argentina en el Grupo de los Siete? ¿Sabrá que Lula tiene problemas pero está acumulando futuro, por ejemplo en reducir montos jubilatorios con su reforma?
En teoría política el gobierno Kirchner tendría, como todo nuevo mandatario, dos años para aprender, sólo uno para mejorar en serio el país -sería 2006- porque tiene perdido el cuarto, 2007, de un primer período de 4 años, porque lo dedicará a asegurar su reelección, algo que en la Argentina, tradicionalmente, lleva a terribles demagogias en los gobiernos. Aunque por sus ataques de ira y amar su imagen demasiado a Néstor Kirchner le es difícil anticipar los tiempos de aprendizaje de un gobernante. Tiene un antecedente de solución correctamente pensada por él y sus hombres: el plan energético en marcha, inclusive lo acordado con Repsol, aunque no debe ilusionarse mucho. El «precio fijo» a futuro no existe en empresas privadas no subsidiadas.
Paralelamente, la decisión con el costo internacional de reducirle la exportación de gas a Chile, forzada por ese país que basó demasiado su avance económico en el cercano gas que la Argentina no estaba en condiciones de brindarle, es buena imagen de gobierno. Haber aumentado retenciones a combustibles exportados también fue bueno porque, por lo bajas, incitaban a vaciar los subsuelos de un país que no tiene ni petróleo ni gas en abundancia con lo cual tiene un futuro comprometido.
Porque aprendió y reaccionó con corrección sobre la crisis energética al menos queda la esperanza de que, de acentuarse para peor las condiciones internacionales, este gobierno encuentre caminos correctos. Ojalá.
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