Roberto Lavagna regaló una revelación muy importante a los sindicalistas que, presididos por Armando Cavalieri, lo invitaron a almorzar el martes pasado. Dijo que necesita conceder una suba de salarios ahora, para que resulte más tolerable un pago en efectivo a acreedores antes de diciembre. Confirmó, además, en el encuentro, un anticipo de este diario: el gobierno está buscando «tercerizar» a través del Fondo Monetario ese pago para atenuar críticas de la izquierda. Por otra parte, trascendió otro anuncio inminente que hará el gobierno: se eliminará el IVA a más de 15 productos de la canasta básica y se lo bajará en otros. Será mediante un proyecto de ley a enviar al Congreso. Paralelamente, debutó ayer el Consejo del Salario con pocos avances. Era previsible: la poco útil reunión de empresarios y sindicalistas dejó sólo como saldo la idea de aumentar el salario mínimo a $ 450. El sindicalismo apareció mutilado, excluyendo a Susana Rueda e incorporando a Luis Barrionuevo a la mesa, pero que puso excusas para ausentarse. Por último, Lavagna, para cerrar con el FMI, alentará subir las tarifas.
A los capitostes de la CGT se les iluminaron los ojos, pero enseguida martillaron sobre la incoherencia de la propuesta: «Si quieren terminar con los piqueteros y no jugar a la carrera salarial, ¿por qué invitaron al Consejo a la CTA, que va a ir a sentarse allí con (Luis) D'Elía?», le preguntaron al ministro. Respuesta descarnada: «Yo no fui el de la idea de invitar a la CTA. No la hubiera convocado. Pero hubo errores en todo el trámite. En realidad, Kirchner pensó que se trataba de un Consejo Económico y Social, como el Diálogo Argentino que impulsó Duhalde. (Carlos) Tomada no se ocupó de hacerle ver que se trataba de convocar a un organismo que tiene influencia sobre todos los salarios de la economía. Cuando se lo hicieron ver, ya era tarde».
Cavalieri y el resto de los gremialistas congregados en Empleados de Comercio machacaron sobre el error. «Si nos ponen en la mesa a un gremialista como De Gennaro, que pide más de $ 700, ¿cómo hacemos para plantarnos en $ 450? ¿Te diste cuenta de que ustedes provocaron esto?» «Sí, pero es un aumento imposible, porque produciría un colapso en casi todas las provincias. Sólo un delirante como (Claudio) Lozano puede proponer un aumento semejante, a partir de una teoría económica que en cuatro meses nos haría terminar en la hiperinflación», se enojó Lavagna. Fue entonces cuando desarrolló su estrategia de aumentos de sueldos hasta diciembre. «Tengo que aprobar los incrementos antes de pagarles a los bonistas y de que aumentemos las tarifas», insistió, abrazándose al criterio general de un gobierno temeroso porque la oposición -sobre todo, la de Elisa Carrió- le reproche medidas sobre cuya antipatía el discurso oficial carga las tintas desde muy temprano (si se tiene en cuenta a Lavagna, desde que era ministro con Eduardo Duhalde). Aclaró, aun así, que «Kirchner todavía no tiene convicción total sobre el aumento de tarifas. Ayer (por el lunes), iba a firmar la mejora estacional en el precio de la luz y, como se produjo el corte, dijo: '¿Nos bajaron la palanca? Ahora no firmo nada'. Después le explicamos que no había sido así, y ahora esperamos que apruebe» (ayer se publicó la autorización en el Boletín Oficial).
Ya que no habría un salariazo, los sindicalistas insinuaron otras medidas, como una baja de los impuestos al consumo. Y mientras corrían las mollejas y las tiras de asado, también se detuvieronen algunos reclamos particulares. Fue el caso de Martínez (UOCRA), quien lamentó que no se está realizando toda la obra pública que se había anunciado en un primer momento. «¿Cómo que no se está realizando? ¿Cuántas viviendas se están construyendo?», inquirió Lavagna. «4.000», contestó el titular de los albañiles, de inmediato. Le dio la oportunidad al ministro para que despunte su conflicto preferido: «Entonces, quejate con Julio De Vido, porque en el Banco Nación yo puse la plata para que se hagan 20.000 viviendas», y Kirchner cree que se está realizando 80% de ese monto.
A pesar de que, en general, los gremialistas están cada día más retirados de la política pura, todos los presentes entienden el juego y quisieron novedades. «¿Convertirme en diputado? ¿Por la Capital? Ni loco», contestó Lavagna a una curiosidad de la mesa. Siguió: «¿A quién se le ocurre cambiar el Ministerio de Economía por una banca? Muchachos, no jodan...»Y si alguien quería saber más sobre el futuro -o deducir alguna estrategia personal del ministro en el campo político-, en la sede de Cavalieri quedó un pronóstico: «Este año va bien. Y el que viene lo pasamos cómodos. La economía no nos traerá problemas. Me sobra plata».
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