Las recientes declaraciones del secretario general de la OMC, Pascal Lamy, han vuelto a disparar el debate acerca de si es necesario «enfriar» la economía para hacer frente a las presiones inflacionarias o, por el contrario, soportar una cierta inflación como el precio a pagar por los altos niveles de crecimiento.
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Por cierto que Lamy no dijo eso en la entrevista que le hicieran, pero sus comentarios respecto de la prudencia fiscal y monetaria fueron interpretados como proviniendo del campo del «enfriamiento». El Presidente y la ministra de Economía le contestaron en términos políticos, Eduardo Curia lo hace con argumentos económicos, y se pregunta: ¿cuál es el rango de inflación admisible para esta modelo de sobrecrecimiento?, ¿cuál es el coeficiente de sacrificio, o sea, lo que se pierde de actividad al reducirse la inflación?».
Según esta visión «cuando la ortodoxia recomienda el 'rabioso' sinceramiento de precios y tarifas (que anule subsidios, en su caso), y más allá de ciertas adecuaciones que parecen atendibles, en conjunción con los torniquetes fiscal y monetario, con altas tasas y apreciación, irrumpe la solución antiinflacionaria prorrecesión y prodesempleo». Curia menciona el caso de China, país que registra una inflación menor y un crecimiento de 11% anual, pero afirma que es un caso diferente por una «textura institucional y estructural» que pesa en el modo en que se ajustan allí los precios. Al respecto cabría destacar que no es solamente el caso chino el que puede citarse como diferente al argentino. Sin ir más lejos Perú creció 7,2% en 2006 con una inflación de 1,5%, Panamá lo hizo en 6,5% e inflación de 2,5% y República Dominicana a 10% con inflación de 5% en comparación con la Argentina con un crecimiento de 8,5% y una inflación reprimida de 10% pero más realista de alrededor de 14/15%. Incluso hay algo más que decir del caso chino ya que con un aumento de la oferta monetaria de alrededor de 15% anual, un crecimientode 11% y una expansión moderadade la oferta monetaria, no extrañaría (al menos desde una perspectiva « monetarista») que tenga una inflación anual de 1,5 por ciento.
El crecimiento de los agregados monetarios en la Argentina es bastante superior a eso. Es más, la discusión económica de estos días sobre China es si el PBC (el Banco Central chino) va a subir la tasa de interés en el próximo par de meses alertado por un cierto incremento de las presiones inflacionarias a principios de este año. Es decir, ¡vaya horror!, los chinos parecen tener una visión «monetaria» de la inflación.
Acuerdo
No obstante, tanto los defensores del actual modelo como muchos «ortodoxos» parecen estar de acuerdo en algo: que existe una relación entre crecimiento económico e inflación, una versión extendida de la ya casi vetusta curva de Philips. Unos proponen reducir el crecimiento para disminuir el alza de los precios, los otros dicen que hay que aguantarse la inflación, pero nunca aflojar con el crecimiento. Aparentemente, Alan Greenspan, terminó creyendo que era posible tener un buen crecimiento sin inflación. Comenta Wayne Angell, economista de Bear, Stearns & Co y ex miembro de la Fed: «Alan fue un creyente tardío en la idea que la inflación no es disparada por mucho crecimiento, pero los últimos años (mediados de los 90) lo han convencido que se puede tener crecimiento y bajo desempleo y aun así mantener la inflación baja» (Investment's Daily, 9/2/99).
¿Por qué sería la «prudencia», en particular la monetaria una fuente de enfriamiento? En todo caso podría enfriar los precios pero, ¿también el crecimiento? Por cierto que enfriaría un crecimiento « artificial» que promueve inversiones de relativo corto plazo sin el ahorro correspondiente. Pero nada impide que se promuevan y lleguen al país inversiones genuinas, tanto sean extranjeras como de capitales argentinos en el exterior. China tiene una inversión del 44,6% del PBI, estamos lejos de esa cifra, sobre todo si descontamos la inversión en departamentos y teléfonos celulares. En definitiva, se trata de «enfriar» los precios, pero calentar las inversiones.
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