Importante recuperación ya de comercios de Posadas y Formosa
En la frontera, la devaluación del peso argentino corrió la "malaria" del comercio a la ribera paraguaya. Las ciudades de Alberdi y Encarnación sufren no sólo el nuevo esquema cambiario que hace más conveniente la compra de distintos productos en la Argentina, sino la misma ruina de los bolsillos formoseños y misioneros que no pueden ni quieren ponerse en gastos.
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Si bien el cambio favorece a los comercios de la capital formoseña, otro factor clave en la crisis es que los argentinos ni siquiera tienen el dinero suficiente como para hacer grandes compras en cualquiera de los dos mercados.
Además, los bolsillos formoseños abundan en bonos provinciales que necesariamente se gastan en Formosa.
También el límite de 50 pesos impuesto por el gobierno nacional a las compras realizadas por habitantes argentinos de la zona fronteriza en países limítrofes, perjudicó notoriamente a los paraguayos.
Una situación parecida se vive en las ciudades de Posadas (Misiones) y Encarnación (Paraguay). No sólo afecta a Encarnación la devaluación del peso argentino sino la escasez de dinero que tiene la población misionera, antes habituada a consumir del lado paraguayo.
La apariencia de ciudad fantasma de Posadas de los últimos tiempos se mudó al otro lado del Paraná. En la zona baja de Encarnación cada vez hay menos negocios abiertos, además de verse muchos productos de bandera celeste y blanca.
La nueva situación trajo algo de alivio a la capital de la provincia argentina cuyo comercio estaba en ruinas por la competencia guaraní.
• Escenario
A los síntomas ya expuestos del nuevo escenario posdevaluatorio se agrega el siguiente cuadro celebrado por «El Territorio» de Posadas: en Encarnación hay negocios cerrados, baja automática de los márgenes de ganancia y temor hasta de aceptar los pesos, aunque algunos argentinos radicados allí, en los momentos de bonanza, hasta aceptan LECOP 1 a 1 cotizando el dólar a 3 pesos.
Antes, los negocios de ropas y baratijas de todo tipo eran los más florecientes. Hoy, esos mismos negocios ruegan al cielo que el precio del dólar baje en relación con el peso (ni siquiera en relación con el guaraní, que tuvo durante la primera parte del año una pérdida de valor cercana a 4 por ciento), para que los argentinos vuelvan a sus negocios.




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