El secretario de Coordinación Técnica, Guillermo Moreno, habría aventurado que el índice de inflación de mayo se ubicaría entre 0,5% y 0,8%, para agregar que en junio y julio se esperan índice aún menores, a pesar de que el séptimo mes del año suele venir complicado por efecto de las vacaciones de invierno.
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Según fuentes empresarias, lo habría dicho a directivos de varias de las principales empresas alimentarias del país, con las que viene manteniendo reuniones tendientes a ponerle coto a la suba de precios. «Por eso, y si se cumple lo que prevemos, antes de fin de año se terminan todas estas medidas y habrá absoluta libertad», habría manifestado el funcionario ante varios empresarios.
En cada uno de esos encuentros con alimentarias -lo mismo que con las textiles, los ganaderos, etc.-, Moreno reiteró que la actual batería de medidas es «transitoria, porque el gobierno no piensa implantar controles de precios». Sin embargo, a pesar de lo repetido de la promesa, los empresarios no terminan de creerle del todo. Cabe apuntar que la ministra de Economía, Felisa Miceli, también suele pronunciarse en el mismo sentido, y a los pocos días se ponen en marcha más medidas intervencionistas como -por caso- la pretensión de controlar los costos de la cadenatextil o la alimentaria. En relación con la indumentaria, tampoco cayó bien el anuncio de Moreno respecto de acotar a 25% el margen con que pueden recargar los empresarios textiles los (pocos) productos que integrarán la canasta «económica». La protesta de los textiles es que el INDEC toma la suba de la ropa mes a mes, y los cambios de temporada distorsionan el aumento real de las prendas que -le dijeron a Moreno- debería ser tomado comparando temporada contra temporada. Si fuera así, aseguran, el aumento anual sólo sería de 8%. El argumento no convenció al funcionario, que igual avanzó con el límite de 25%. «Si esto no es un control de precios, ¿qué es? Desde el Estado nos imponen a cuánto tenemos que vender determinados productos», se encrespaba un integrante de la cadena textil.
En tanto, la COPAL (la entidad que agrupa a todas las cámaras de la industria alimentaria) recibió ayer en su nueva sede de Plaza San Martín al ministro de Salud, Ginés González García, quien le explicó (Power Point mediante) a medio centenar de empresarios los resultados de la Encuesta Nacional de Nutrición. La intención del ministro era lograr la adhesión de las empresas del rubro a su Plan Nutricional Federal, en el que está trabajando la cartera que comanda. González García invitó a los empresarios que lo escuchaban, entre los cuales estaban el dueño de casa Alberto Alvarez Gaiani, el vicepresidente Juan Almirón (bebidas gaseosas), Hugo Krajnc (Cargill), Adrián Kaufmann Brea ( Arcor), Roberto Domenech ( productores avícolas), María Marta Llosa (Coca-Cola), David Lee (embotelladoras), Félix Pereyra (Unilever) y Fernando Lascano (Quilmes) que le hagan llegar sus sugerencias para ese plan, con el objeto de «mejorar la calidad nutricional de los habitantes de la Argentina».
El almuerzo (en el que no se sirvió carne) fue amable y poco más que protocolar -la audiencia, conformada casi por completo por los gerentes de relaciones institucionales de las empresas no permitía avanzar en decisiones «in situ»-, pero sirvió también para que una fuente desmintiera un supuesto enojo oficial por la ausencia de Luis Pagani en la Cumbre de Viena: «El gobierno estaba avisado desde hace semanas que Luis no podía viajar por un tema personal», dijo uno de los participantes del almuerzo. La verdad la saben sólo Pagani y posiblemente Néstor Kirchner.
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