Como si le propusiera políticas a un siguiente gobierno, Miguel Kiguel delineó que a partir de 2016 "Argentina tiene una gran oportunidad de ser un país como los que nos rodean: con un tipo de cambio único, estadísticas que podamos entender y creer, bajo riesgo país y sin cepo cambiario para que las compañías puedan girar utilidades". Luego de bosquejar escenarios potenciales en su disertación dentro del congreso del IAEF, el economista se concentró en las problemáticas actuales que le dificultan al Gobierno maniobrar la economía de vuelta al crecimiento y, más importante aún, al desarrollo.
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"No hay financiamiento para realizar política fiscal ni lugar para una devaluación fuerte; en consecuencia, no se pueden aplicar políticas para reactivar la industria", advirtió Kiguel, de modo que acotó las posibilidades para la gestión de Axel Kicillof dentro del Ministerio de Economía.
El acuerdo con el CIADI y el Club de París, el pago a Repsol y la devaluación de enero son las políticas que respaldó el director de Econviews y, proyectó, "abrirán la llave al financiamiento externo", clave para robustecer las reservas del Banco Central. Sin embargo, ironizó con que ese giro "no figura en los manuales que lee el ministro, pero sí en muchos libros del mundo". Por ello opinó que las medidas que sirvieron para crecer en el pasado "no se pueden usar más".
Sin embargo, debatió en contra de volver a abaratar al peso frente al dólar de manera espasmódica. "Al salir de la pax cambiaria, la gente no sabía hacia donde íbamos y entonces se disparó la brecha entre la divisa oficial y el 'contado con liqui', además del blue", dijo. Aunque esa diferencia se achicó, fue una baja moderada, puesto a que actualmente es superior al 40%.
Además, "la devaluación tiene un efecto inercial en la inflación difícil de parar", por lo que planteó que si no ingresan capitales para aumentar las reservas, la próxima "será más brusca" que la de enero, alertó. Esto, repitió en coincidencia con Ricardo Arriazu, dependerá del cierre del juicio de los fondos buitre en Nueva York.
Sin contar el impacto de esa variable, Kiguel no se mostró optimista para este año. Por la escasa inversión industrial y la ausencia de vientos de cola externos, el economista estimó una merma en la actividad del orden del 2%.
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