Juan Domingo Perón fue partidario siempre del control de precios. En sus primeros nueve años de gobierno, impuso la ley del agio y la especulación. En su segunda gestión, iniciada en 1973, mantuvo esa política y, con el ministro Ber Gelbard, acompañado de Miguel Revestido en la Secretaría de Comercio, no autorizaba aumentos a las empresas que publicaban en diarios que no acompañaban la estabilidad de precios. Roberto Lavagna, entonces, era director nacional de Política de Precios. Tuvo éxito esta política, aunque luego todo desembocó en el Rodrigazo, en junio de 1975. Ayer, Néstor Kirchner, ante el rebrote inflacionario iniciado en enero, convocó a un boicot nacional contra las empresas que aumentan los precios. Recalcó que debe hacerse en forma pacífica, pero piqueteros oficiales, sumados a diferentes organizaciones, bloquearon ayer -y también lo harán hoy- accesos a las estaciones de servicio de Shell. Anoche, Esso definía si se sumaba a los aumentos de combustibles. La situación, en lo estrictamente económico, es compleja, pero manejable. Obviamente, la reacción oficial la hace más complicada. Con dejar bajar el dólar, basta (ni siquiera haría falta subir mucho las tasas). O también, frenando la suba del gasto público, que fue lo que gatilló la suba de precios, recalentando sin necesidad una economía que venía ya creciendo sólo a niveles elevados. Se genera innecesariamente un problema tras el éxito del canje.
Néstor Kirchner aprovechó un acto en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno donde entregó guardapolvos a alumnos de escuelas públicas, para lanzar el «boicot nacional» contra Shell.
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El recurso para ejecutar la medida fue que en distintos puntos del país, los piqueteros -junto a asociaciones de usuarios y a gremios- bloquearon Informate más
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