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20 de agosto 2026 - 15:48

La CEPAL proyecta crecimiento del 2,2% para la región en 2026 y advierte por la informalidad

El informe anual advierte que el bajo dinamismo económico y el 50% de informalidad laboral perpetúan la trampa del estancamiento, e insta a impulsar la "formalización productiva". Los detalles, en la nota.

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La CEPAL proyecta un 2,2% para América Latina y el Caribe en 2026, insuficiente para mejorar el ingreso per cápita.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentó hoy su Estudio Económico 2026, centrado en los desafíos del crecimiento, la productividad y el impacto de la alta informalidad en la región. El informe señala que la economía regional crecería un 2,2% en 2026, después de expandirse un 2,4% en 2025, y registraría una recuperación parcial hasta el 2,5% en 2027.

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De concretarse este pronóstico, América Latina y el Caribe completaría cinco años con un crecimiento promedio cercano al 2,3%, una tasa insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante, cerrar las brechas de desarrollo y ampliar significativamente los espacios de política.

El informe señala que el freno global, impulsado por la volatilidad financiera, la tensión geopolítica y el encarecimiento energético, incide en la desaceleración de 2026. Sin embargo, advierte que la principal limitación al crecimiento regional es de carácter estructural: bajos niveles de inversión, escaso crecimiento de la productividad, menor dinamismo en la generación de empleo formal y una elevada y persistente informalidad laboral.

CEPAL proyecta un 2,2% para América Latina y el Caribe en 2026, insuficiente para mejorar el ingreso per cápita.

José Manuel Salazar-Xirinachs, Secretario Ejecutivo de la CEPAL, indicó que “la región ha logrado preservar importantes avances en materia de estabilidad macroeconómica, pero esa estabilidad debe convertirse en una plataforma para crecer más y mejor. Para superar la trampa de baja capacidad para crecer necesitamos elevar la inversión y la productividad y, al mismo tiempo, avanzar hacia una formalización productiva".

Crecimiento bajo, en una nueva era geopolítica

Durante 2025, la región sorteó un contexto global complejo con un alza del PBI del 2,4%, la convergencia de la inflación y la recuperación del salario real, en un marco de equilibrio externo que favoreció el incremento de las reservas.

Para 2026 se espera una desaceleración de la economía global, con un crecimiento del 2,9%, el más bajo desde 2022. Las tensiones geopolíticas y los problemas de suministro encarecieron el petróleo, los fertilizantes y el transporte, al tiempo que el dólar fuerte y las tasas elevadas amenazan con encarecer el crédito para los mercados emergentes.

Las tensiones geopolíticas y los problemas de suministro encarecieron el petróleo, los fertilizantes y el transporte.

A nivel regional, la CEPAL proyecta un crecimiento de América Latina y el Caribe de 2,2% en 2026, y de 2,5% en 2027, con una marcada heterogeneidad a nivel subregional. América del Sur crecería un 2,5% tanto en 2026 como en 2027. En América Central el crecimiento sería 1,6% en 2026 y de 2,8% en 2027. Sin el impacto negativo del desempeño de Cuba y Haití, el promedio subregional alcanzaría un 4,0% en 2026 y un 4,2% en 2027.

CEPAL indicó que la inflación seguirá bajo control, pero su baja hacia las metas será más pausada. Pese a que el alza de costos en energía y fertilizantes afectó menos a los alimentos que en el pasado, la persistencia energética frena el alivio de las tasas de interés, obligando a la CEPAL a pedir firmeza monetaria y control macroprudencial.

Pese a la creación de 4,3 millones de empleos en 2025 y la caída del desempleo al 5,3%, el ritmo de contratación sumó su tercer año a la baja. Con la informalidad en torno al 50%, los primeros datos de 2026 anticipan un enfriamiento aún mayor en el mercado laboral.

En el frente fiscal, la estabilización de la deuda pública cerca del 52% del PIB no alcanzó para reconstruir el margen de maniobra. El bajo crecimiento, los altos costos de financiamiento y la factura de intereses absorben recursos clave para la inversión pública, la protección social y el desarrollo productivo.

Pese a la creación de 4,3 millones de empleos en 2025 y la caída del desempleo al 5,3%, el ritmo de contratación sumó su tercer año a la baja.

La informalidad como cuello de botella

La segunda parte del informe aborda la informalidad como una traba estructural que frena la productividad, la inversión y el trabajo de calidad. Más que un problema laboral, la CEPAL la define como un círculo vicioso: es hija del bajo crecimiento, pero al mismo tiempo la causa que perpetúa el estancamiento regional.

Históricamente, la formalización laboral avanzó a la par del crecimiento: entre 2000 y 2013, el ciclo de alta inversión y productividad impulsó el empleo registrado. Ese impulso se agotó a partir de 2014 con el estancamiento económico, dejando hoy a cerca de la mitad de los trabajadores regionales en la informalidad.

CEPAL subraya que si bien el crecimiento económico beneficia a toda la estructura productiva, sus efectos sobre la productividad son más potentes y duraderos en el sector formal. Al contar con escala, crédito e innovación, las empresas registradas absorben mejor el dinamismo del PBI. Por ello, cuanto mayor es la informalidad, menor es el impacto del crecimiento en la productividad de largo plazo.

Limitaciones estructurales: Baja inversión, escasa productividad y alta informalidad laboral frenan el desarrollo regional.

Formalización productiva

La respuesta de la CEPAL apunta a la formalización productiva: un enfoque que pretende ser integral y superar el mero control regulatorio. La clave pasa por alinear las políticas fiscales, financieras y laborales para elevar la productividad y sostener un crecimiento más inclusivo en América Latina.

Para abordar esta problemática, la CEPAL identifica cuatro ejes de acción complementarios: la aplicación de políticas laborales orientadas a la capacitación, la equidad de género y la economía del cuidado; la puesta en marcha de políticas fiscales que flexibilicen los esquemas de protección social y aprovechen la digitalización administrativa; el fortalecimiento de políticas financieras mediante la banca de desarrollo y sistemas de garantías para democratizar el crédito; y el despliegue de políticas de desarrollo productivo enfocadas en la asistencia tecnológica, el abordaje territorial y la integración de las empresas.

La CEPAL concluye que desactivar la trampa de bajo crecimiento exige abordar la informalidad. Avances en la formalización productiva permitirán reducir la desigualdad y apuntalar el empleo de calidad, al tiempo que fortalecerán el espacio de las políticas públicas y consolidarán la transformación estructural necesaria para elevar el potencial económico de la región.

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