El 9 de enero, el gobierno decidió fijar la nueva paridad oficial del dólar en $ 1,40, de modo tal de quedarse con un muy pequeño margen de intervención de u$s 332 millones. El mercado libre abrió con una exigencia adicional a ese margen: al cotizar el dólar a $ 1,75, el colchón que le exigían implícitamente al Banco Central era de u$s 3.215 millones. Esa suma era una reserva que el mercado entendía como la medida prudencial para no ser defraudado si el Central vendía muchas divisas de golpe y el peso perdía respaldo.
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