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Ahora, el gobierno de George W. Bush, con una moneda más débil, apuesta a incrementar las exportaciones norteamericanas y a evitar la deflación, a riesgo de que los inversores de Wall Street hayan sido atraídos por las más altas tasas del euro.
Snow, el domingo durante la reunión del Grupo de los 8 (el G-7 más Rusia) en Francia, dijo que el valor del dólar lo determinará el mercado. Esta declaración alejó cualquier esperanza de que la Reserva Federal intervenga con compras de dólares que evite que siga en baja. Además, Snow señaló que el retroceso del dólar fue «modesto», lo que trajo temores de que haya más espacio para que siga la caída. La moneda norteamericana bajó en el último año 22% frente al euro. Sólo en lo que va del año la caída ante a la moneda única fue de 12%. Comparado con el yen, en un año y medio, el dólar perdió 17% y, frente a una canasta de monedas de los países con los que mantiene un comercio más intenso, cayó 7%.
La Casa Blanca intentó calmar el pánico de los inversores después de las declaraciones de Snow. El vocero presidencial, Ari Fleischer, dijo que sigue la política del «dólar fuerte», aunque no consiguió explicar en los hechos dónde está esa política.
Ayer el euro llegó a cotizarse a u$s 1,738, a sólo u$s 0,009 del máximo valor desde que comenzó a circular en enero de 1999. Pero se sospecha que el Banco Central de Japón vendió subrepticiamente yenes para evitar un mayor derrumbe del dólar. Esta estrategia no es nueva. Japón, en lugar de concertar una política con otros bancos centrales para sostener al dólar, vende yenes y compra dólares a través de distintos bancos japoneses para hacer subir el precio de la moneda de Estados Unidos. El dólar llegó a caer hasta a 115,10 yenes, su nivel más bajo desde febrero de 2001, antes de que los operadores rápidamente lo recompraran a niveles por arriba de 116,50 yenes por dólar.
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