Enero de 2002 será el mes número 43 de recesión. Pero ésta no será la peor noticia. El mes pasado marcó un nuevo piso para la producción industrial de la década, además de un nuevo nivel mínimo de uso de la capacidad instalada. Según las estimaciones preliminares que se manejan tanto dentro del sector público, a través del Estimador Mensual Industrial (EMI) que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), como en las principales consultoras privadas que trabajan en la medición de la actividad manufacturera, entre enero de 2002 y el mismo mes de 2001, -la caída de este indicador superaría 15% y podría incluso tener un piso de 18%- si los rubros que aún no hicieron pública su situación en el mes pasado confirman la tendencia del resto de la economía industrial.
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El mes pasado sería además el de peor nivel de producción desde enero de 1994, pero sólo porque ese mes comenzó a elaborarse el EMI tal cual se lo conoce hoy. Según las estimaciones privadas, que mantienen una matriz desde comienzos de los '90, la producción de enero de 2002 sería sólo comparable con los inicios de la convertibilidad en 1991. Esto quiere decir que la situación de la producción retrocedió por la actual depresión económica a los días en que Domingo Cavallo implementó el 1 a 1 con el dólar, perdiendo así todo lo que se logró crecer en casi 10 años. La diferencia, y el único dato optimista que marcan los especialistas que puede rescatarse, es que en este lapso los rubros de la industria más importantes y representativos (los automotrices, la construcción, la siderurgia, los alimentos, agroquímicos, etc), lograron renovar sus plantas e invertir en maquinaria. «Por lo menos estos 10 años sirvieron para no ser absolutamente obsoletos», reflexionaba ayer uno de los economistas que elaboran índices de producción privados.
Un dato para la estadística. Si, con lo cual si se tuviera en cuenta el pico de los índices de producción industrial de la última década, junio de 1998, la actividad manufacturera debería crecer 23%.
La abrupta caída de dos sectores clave, y donde más impactó la crisis de diciembre y enero, resultaron un factor muy difícil de remontar para el indicador. Según los datos distribuidos la semana pasada por la Asociación de Fábricas de Autos (ADEFA), en enero de 2002 las automotrices argentinas produjeron su número más bajo de unidades (4.416 vehículos) en casi 40 años, lo que provocó que la actividad en este sector cayera 65,7% contra el mismo nivel del año pasado.
Como se prevé que el único factor que puede ayudar al rubro es la posibilidad que se exporte más a Brasil, cosa que por ahora es difícil por la situación del régimen automotriz, las perspectivas de reactivación en este sector está lejana. El segundo rubro donde la situación fue más que grave en enero de 2002 fue la construcción, donde la caída del cemento (el insumo básico de esta actividad), cayó casi 40% manteniendo el nivel de diciembre pasado que a su vez fue el peor en una década. La inactividad privada generada por el «corralito» financiero y la inexistencia de la obra pública fueron un cóctel imposible de superar para la construcción. Si se tiene en cuenta que continuará el «corralito», que el «Cheque Depósito» todavía no genera expectativas favorables y que desde el Estado no hay ningún plan de infraestructura serio a la vista; no se perciben señales de mejora dentro de este sector.
Otros rubros donde la situación negativa continúa incólume son los textiles, plásticos, farmacias, petróleo y neumáticos. Por ahora sólo los agroquímicos, químicos en general y ciertos alimentos y bebidas pueden mantener cierto optimismo. Los dos primeros grupos están vinculados al campo mientras que en el tercero hay algunos sectores que están por comenzar a exportar con cierto nivel al exterior lo que les da cierto clima de esperanza.
• Capacidad
Además de la caída de la producción industrial, la actividad manufacturera tendrá que soportar otro dato negativo. La capacidad instalada está siendo utilizada desde diciembre del año pasado a menos de 70%, llegando en algunos sectores como el automotor y la construcción a menos de 50% de sus posibilidades. Esto ubica a este indicador en un nivel similar al de la hiperinflación de 1989. Sólo el hecho de haberse renovado muchas plantas en los mejores años de la convertibilidad hacen que la situación sea algo mejor que en aquel momento.
Lógicamente todo este panorama provoca un pesimismo histórico en los industriales argentinos. Según los datos de las encuestas públicas y privadas, sólo 3% de los consultados en enero pasado cree que la demanda interna de sus productos puede llegar a aumentar.
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