Hombre de pocas palabras -cuando no está con amigos-, ayer Carlos Reutemann se distinguió de unos diputados nacionales. Tanto él como los legisladores, en horarios continuados, se entrevistaron con Roberto Lavagna. Como había periodistas a la salida, a los diputados se les ofreció una puerta alternativa para no tropezar con los movileros. No quisieron y, por supuesto, pujaron entre sí por ver quién hacía más declaraciones. Con Reutemann, en el interior del despacho, ocurrió lo mismo: decidió partir por una salida lateral, no hablar con nadie. Formas de hacer política.
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La charla con Lavagna, para presentar a uno de los máximos confidentes del gobernador santafesino, su nuevo ministro de Economía, José María Candiotti, avanzó no solamente por los problemas de la provincia sino también por las nuevas dificultades que enfrenta Lavagna en el Ministerio de Economía. Trabas que hace diez días no existían y que, de pronto, le han complicado la gestión al ministro. A saber, la reposición del 13% para jubilados y empleados públicos por parte de la Corte Suprema, la suspensión del CER y las ejecuciones por parte del Parlamento.
Lavagna reconoció que esperaba para la semana pasada una respuesta del Fondo Monetario a la propuesta de carta intención que él mismo había redactado, pero que esta suma imprevista de problemas no sólo demoraba las correcciones sino que en ese instituto ya empezaba a sospecharse sobre la cordura argentina. Y, como ejemplo, señaló que anteayer en el FMI hubo una reunión en la que se discutieron tres posiciones sobre la Argentina. Una: ruptura de negociaciones; dos: esperar; tres: ver de concederle otra oportunidad. En la última, prevaleció la opinión de Brasil, también ciertos gestos de los Estados Unidos. Algunos europeos, en cambio, mostraron cierto hartazgo sobre las oscilaciones económicas del gobierno argentino.
• Diferencias
También Lavagna reconoció en una comparación obvia la actitud distinta entre los candidatos brasileños y los argentinos. Unos, ante la crisis financiera que empezó en su país, no dudaron en fotografiarse con su presidente Fernando Henrique Cardoso y pro-meter que respetarían determinados compromisos internacionales. En la Argentina, por el momento parece imposible una actitud semejante, ya que cada uno de los participantes --salvo excepciones-parece ganar puntos oponiéndose a determinadas garantías mínimas. Reutemann, al escuchar, se afirmó en sí mismo: es que si se bajó de su candidatura presidencial entre otras razones por lo complicado que parece la futura gestión, la charla con Lavagna confirmaba todo lo que pensaba. De ahí que a la salida no quisiera entretenerse con periodistas. Siempre, entre mentir o decir la verdad, optó por lo segundo o el silencio.
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