Henry Kissinger suele afirmar que nadie en política debe hacer una pregunta cuya respuesta no sepa por anticipado. Roberto Lavagna se propuso desafiar esa lógica y viaja hoy a Nueva York y Washington a entrevistarse con banqueros, funcionarios del Tesoro y del Fondo Monetario Internacional casi sin red. Juega, eso sí, con una ventaja: el temor por la situación financiera de Brasil y el deterioro que, en general, se verifica en la región pueden inducir a que se precipite el desenlace de la negociación favorablemente para la Argentina. ¿Qué significa, a esta altura, «favorablemente»? Que Anne Krueger anuncie el envío de una misión negociadora para la semana próxima, capaz de discutir una carta de intención que lleve a un acuerdo antes de mediados de julio, fecha en que vencen varios compromisos argentinos con organismos internacionales.
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A partir de entonces, de cualquier modo, la Argentina estaría sometida a un monitoreo bimestral del Fondo. No espera Lavagna, y es razonable, mucho más que eso. Después de todo, el motivo concreto de su viaje es bien modesto: despejar cara a cara el malhumor que invadió su relación con los funcionarios del Fondo, sobre todo con la Krueger y con Anoop Singh, ahora responsable de la sección occidental en el organismo. La última conversación telefónica del ministro con la representante de los Estados Unidos fue demasiado árida. Con Singh el trato tiende a recomponerse; por lo menos el indio invitó al ministro a almorzar en Washington. Sobre cómo será el trato con Paul O'Neill sólo se sabe un detalle: el secretario del Tesoro volverá a pedir el cronograma sobre cumplimiento de objetivos que en vano viene reclamando desde la instalación del gobierno de Eduardo Duhalde.
• Lavagna dedicará prácticamente todo el día de mañana en Nueva York a reunirse con banqueros. Los encuentros los prepara el lobbysta Alan Stoga y está bien que lo haga: está contratado por Economía desde los tiempos de Jorge Remes. Dicen que cobraría por estas tareas cerca de u$s 750.000 semestralmente, por adelantado (hecho que festejan Eduardo Amadeo y Lisandro Barry, que son amigos del norteamericano). Stoga sentará a Lavagna con William Rhodes (Citibank) y con Brian O'Neill (JP Morgan). También con los representantes del Banco Santander Central Hispano, que opera el Banco Río en la Argentina. Hasta anoche la agenda prácticamente se agotaba en esa rueda, muy similar a la que el mismo Stoga preparó para Carlos Ruckauf, Aníbal Fernández y Esteban «Cacho» Caselli y también, una semana antes, para Carlos Menem (no se dirá que Duhalde no es generoso: con los contratos que paga su gobierno agasaja en el exterior a su adversario interno). La agenda de Lavagna preveía anoche tres horas de descanso, desde las 14 hasta las 17.
• Programa monetario
La agenda con la banca extranjera estará referida al programa monetario argentino, en especial a dos cuestiones. Primero, qué política de redescuentos seguirá el Banco Central. Los funcionarios de los bancos ya tendrán en sus manos el informe provisto por Alejandro Henke en Buenos Aires ayer por la tarde: se dispondrá de un sistema por el cual las entidades extranjeras aportarán un dólar por cada dólar que reciban como redescuento, aunque se les tomará en cuenta como aporte las capitalizaciones y los desembolsos ya realizados hasta ahora. Los banqueros querrán saber si esta política es convalidada por Lavagna, que estará acompañado por Guillermo Nielsen, secretario de Finanzas. Anoche Henke estaba a punto de dejar el Central. La segunda incógnita está referida a qué solución se le encontrará a la salida de dinero derivada de los amparos judiciales, que la semana pasada se duplicaron. El ministro adelantará que el gobierno busca un acuerdo con la Corte sobre la base de que el próximo 3 de julio el Congreso clausure el trámite de juicio político iniciado contra el tribunal.
Ya en Washington, Lavagna mantendrá reuniones con Krueger y Singh, por un lado, y con O'Neill y su segundo, John Taylor, por otro. En todos los casos deberá quedar en claro la materia de discusión. En el Fondo y en el Tesoro creen que la Argentina todavía no cumplió satisfactoriamente con las precondiciones establecidas para negociar la política económica específica. En otras palabras: O'Neill, pero, sobre todo, Krueger, reclamarán que se amplíen los vetos a la ley de «subversión económica» o, mejor dicho, a los artículos que se trasladaron al Código Penal cuando se derogaba esa norma.
• Respecto de las provincias, el consenso generalizado para los «argentinólogos» de Washington es que sólo Buenos Aires (Felipe Solá) firmó un convenio con todas las de la ley. Habrá presión sobre Santa Fe y Córdoba y, tal vez con eso, se acepte como concluida la etapa del ajuste fiscal federal («total, si no cumplen, en el monitoreo bimestral aparecerán las sanciones», explicó anoche un funcionario a este diario).
• Hay un tema muy sensible que aparecerá de alguna manera en las reuniones, sobre todo en la que Lavagna mantendrá con Krueger y Singh: el alejamiento de Mario Blejer del Banco Central. En el Fondo fue visto como una baja propia y seguramente pedirán explicaciones sobre cómo continúa la gestión monetaria en la Argentina. El jueves de la semana pasada, Blejer le confesó a Alfredo Atanasof durante el desayuno: «Si Aldo Pignanelli queda al frente del Central, yo sigo trabajando para el gobierno». Ayer por la tarde Lavagna insistía delante de Duhalde, sin éxito, en reemplazar a Pignanelli por Alberto Camarasa.
• Si el costado monetario del programa será materia de discusión, Jorge Sarghini -secretario de Hacienda- está seguro de que por la cuestión fiscal no habrá mayores disidencias. Aunque anoche circularan versiones acerca de que a John Thornton las cuentas no le cierran: cree que los números de Economía presentan un defase de $ 5.000 millones. • La clave del viaje, sin embargo, será el encuentro con O'Neill. Es un personaje temido, como se demuestra no sólo en la Argentina sino también en Brasil. Ya avisó a los tenedores de títulos de ese país que no saldrá en su auxilio si la economía se sigue complicando. Con Lavagna se verá por primera vez: en el anterior viaje a los Estados Unidos, el secretario del Tesoro estaba de gira por Africa, con el rockero Bono.
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