Lavagna y el violín

Economía

Durante sus atardeceres madrileños, en los últimos de sus 17 años de exilio político, el ex presidente Juan Domingo Perón dialogaba con muchos visitantes, principalmente de la patria argentina que añoraba y donde habría de venir a morir. Su contundente dialéctica y la ejemplificación con que buscaba complementarla muchas veces se basaban en la ironía y solía contar este chiste. Salen a la pista del circo 30 hombres. De ellos quince hacen un círculo tomándose por los brazos. Sobre sus hombros se suben ocho; en una tercera fila, arriba de los últimos, suben 4; sobre los hombros de los 4 suben 2 y penosamente se encarama encima de todos, en un quinto nivel, uno solo que se pone a tocar el violín. Perón, sonriente, agregaba «nunca falta alguien en las tribunas que dice... desafina».

No es cuestión, entonces, de apesadumbrar ahora al ministro Roberto Lavagna, tras el tremendo esfuerzo que ha culminado para lograr 76,07% de aceptación de canje a una mezquina propuesta a acreedores para salir del default. Pero en realidad desafina. Este logro de aceptación es valioso dentro de una negociación agresiva con los bonistas. Pero agresión y demora no era la única forma, aunque no podamos ya medir los resultados de otras. No olvidemos que el refinanciamiento de la deuda de Rusia alcanzó 90% de aceptación pero los rusos propusieron sólo 45% de quita. La Argentina logró 65%. No es menos cierto que Rusia negoció sólo un año y la Argentina tres. No es un dato menor: al salir Rusia del default en 12 meses, de inmediato tuvo inversiones extranjeras que la recuperaron rápidamente.

En una época de capitales externos ávidos de ubicarse, la Argentina, en inversiones de afuera en Latinoamérica, pasó del primer lugar, en la década del '90, al cuarto. Antes las prioridades del continente eran: la Argentina, México, Brasil y Chile, en ese orden. Hoy, lamentablemente, el orden es Brasil, México, Chile y la Argentina, en cuarto lugar. Y si se actualizaran los datos, Venezuela seguro y posiblemente Colombia nos hayan superado o igualado en atraer capitales mundiales productivos.

Aceptemos que el desgaste de tres años de discusiones fue decisivo para una mayor aceptación por parte de los bonistas por resignación, pero fue costoso para la Argentina por las oportunidades de crecimiento y de bajar el desempleo que se perdieron. No menos de 15.000 millones de dólares se calcula -en función de lo que recibieron otros países del área-que pudieron venir y no vinieron al país. Además, en el lapso, sucedió que España decidiera y anunciara (el 25 de enero pasado) que Brasil y no ya la Argentina pasaba a ser prioridad de sus inversiones en Latinoamérica. Durísimo revés para nuestro país.

• Conveniencia

Cuando decanten las pasiones se analizará mejor si no hubiera sido más conveniente alcanzar menos quita pero con una gestión con los acreedores más rápida que, entre otras cosas, hoy significaría menor desempleo, más desarrollo, más reservas en el Banco Central, mejor imagen mundial del país. Quizá también menos problema energético como sobrevendrá este invierno (o lo sufrirá Chile como variable de ajuste si no alcanza el gas para abastecimiento local). Podríamos haber explorado y tener más reservas de gas y petróleo.

Por tanto, reconocer con honestidad el logro alcanzado en deuda pública es hacerlo en función de cómo funciona este gobierno, para nada ortodoxo, exageradamente agresivo internacionalmente (algo agresivo había que ser porque estaban acostumbrados a hacer lo que querían en la Argentina pero se exageró).

El 76,07% de aceptación es bueno con la agresividad y el estilo de este gobierno. Por la reacción internacional ya hubiera sido hazaña si llegaba a 60%. Y este 60%, teniendo en cuenta que 29% de la deuda en default era local y gozó de beneficios no computados por Lavagna en el cálculo del logro pero que pesarán.

Lograda una buena quita debería pensarse en función de lo que costará cumplir (por ejemplo, hay que saldar 70.000 millones de dólares en los próximos 6 años, alrededor de 12.000 millones de dólares promedio cada 12 meses). Aunque parte se pueda pelear para refinanciación, sobre todo con el FMI. Si no hay acuerdo con este organismo, no lo habrá con muchos más que lo toman de guía.

No hay que dejar pasar que la crítica a economistas fue injusta por parte del Presidente en su discurso del anuncio de la alta aceptación. En primer lugar, es amenazante para el derecho de expresarse con libertad. El Presidente cada tanto reitera la libre expresión como derecho pero apostrofa tanto al que la ejerce que deja la impresión de que no la quiere. Y esto no es bueno.

Se ha dicho que muchas de las frases -no todas- que criticó a economistas fueron anteriores a junio de 2004 cuando el gobierno bajó la propuesta de quita de Dubai de 75% a 65%. O sea que esas críticas tenían razón. En parte hay que entender la descarga emocional de Kirchner. Cuando Lavagna le trajo el primer proyecto de quita a gestionar con los bonistas era de 60% (tomaba como base que era superior a 45% que había logrado Rusia). En un arrebato típico, el santacruceño se la elevó a 75%. Luego de varios meses se bajó a 65%.

• Papelón

Kirchner no es indocto pero tampoco se mueve con archivos. Lanzó en estos días que la delegación de la Sociedad Interamericana de Prensa no se había preocupado por los Derechos Humanos durante el régimen militar último y pasó un papelón: ya en 1978 se habían preocupado cuando Kirchner desde un estudio jurídico se ganaba la vida con ejecuciones hipotecarias (de allí debe venir la audacia de cambiarle a Lavagna el monto de quita de 60% a 75% y le salió bien en 65%).

Nadie recuerda que el propio presidente Kirchner dijo, a través de columnistas de diarios de conexión directa con el gobierno, que se conformaba con 50% de aceptación y se llegó a casi 77%. Los analistas de la gestión de canje y la mezquina oferta argentina no fueron agresivos sino realistas para ese contexto, como Kirchner con su pronóstico de 50%. Menos aún actuaron mal cuando ya estuvo lanzada y entonces, fuera mezquina o no, se eximía de discusiones porque estaba en juego el país. Ya dijimos: era legítimo oponerse a la Guerra de Malvinas antes de abril de 1982, hasta que salieron de noche las naves de invasión desde los puertos patagónicos. Después fue causa nacional, no quedaba más que apoyar y desear el éxito. En Malvinas se perdió y se enrostró luego la decisión. En esta refinanciación de deuda se ganó, pero no neguemos que había otras posibilidades.

El logro lo es para el estilo de este presidente. Pero no lo sería para un ortodoxo o cercano del cual se esperaría 100% de aceptación y bastaría que lograra 90%. Un ortodoxo, además, no hubiera perdido 15.000 millones de dólares de inversiones por alargar la discusión.

Tampoco creería que el mundo le va a perdonar si deja yertos 20.000 millones de dólares que no entraron voluntariamente ahora al canje. Ya dijo este diario que 20.000 millones que quedaron afuera serían el tercer mayor default internacional, luego del grande argentino y del de Rusia (fue de u$s 30.000 millones). El 76,07% es logro para una Argentina con Néstor Kirchner. Roberto Lavagna es hoy un triunfador, pero también en un país que funciona con el estilo Néstor Kirchner.

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